Abnegación
El hombre debe dominarse a sí mismo, sacrificar los propios intereses como una ofrenda a Dios o como un servicio al prójimo. Con tal de ser grato a Dios, debe estar dispuesto a renunciar incluso a las cosas más queridas para él (Mt 5,29) y a cargar con la cruz que El quiera depararle (Mt 16,24). Debe ser generoso y poner al servicio de la comunidad sus propios bienes (Mc 10,21), pues el apego excesivo a los bienes terrenos hace peligrar gravemente la suerte futura (Lc 17,33; Jn 12,25). discipulado; llamada; vocación.
E.M.N.
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