Véctor III, san (24 mayo 1086 - 16 septiembre 1087)
Gregorio VII había recomendado tres nombres para su sucesión: Anselmo de Lucca, Hugo de Lyon y Eudes de Ostia, pero los cardenales prefirieron a Desiderio (Danfari), abad de Montecassino, porque era un hombre pacífico que en 1082 incluso había sufrido temporal excomunión por su empeño en llegar a una paz negociada. Contaba casi sesenta años y desde 1058 se hallaba al frente de la famosa abadía cuyas rentas, prestigio y biblioteca incrementó extraordinariamente. En 1059 fue nombrado presbítero cardenal y vicario de todos los monasterios del sur de Italia. En calidad de tal logró la reconciliación de Roberto Guiscardo con la sede romana. Acogió al papa cuando éste huía de Roma, brindándole hospitalidad en su monasterio, y estuvo luego a su lado en el momento de la muerte. Jordano, príncipe de Capua, influyó cerca de los cardenales en su favor.
Consciente de la oposición que su nombramiento despertaba entre los gregorianos más radicales, Víctor se retiró a Montecassino, reasumiendo las funciones de abad, y sólo aceptó ser papa después de que un sínodo reunido en Capua así lo acordara. El 9 de mayo de 1087, liberada finalmente la ciudad leonina por los normandos, pudo ser consagrado. Entonces convocó el sínodo de Benevento, donde fue ratificada la excomunión de Enrique IV. Enfermo, débil y condescendiente, residió muy poco tiempo en Roma. Sin embargo, fue precisamente en este momento cuando los genoveses y pisanos formando parte de la milicia romana, llevaron a cabo la conquista de Mehdia, en el norte de África: el botín de guerra fue invertido en la catedral de Pisa. La reacción ofensiva en el Mediterráneo ya no se detendría. Víctor III murió en Montecassino.
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