Pelagio II (26 noviembre 579 - 7 febrero 590)
Papa godo. Hijo de un godo, de nombre Wunigildo, había nacido en Roma. Las circunstancias extremas que atravesaba la ciudad impedían solicitar la confirmación imperial y por ello decidió hacerse consagrar inmediatamente (agosto del 579). Sin embargo, la fecha oficial que le asigna el Líber Pontificalis coincide con la llegada del plácet, el 26 de noviembre. Mientras tanto, tras negociaciones que desconocemos, había conseguido de los lombardos que levantaran el asedio, obteniendo de este modo la adhesión popular. Sabía llevar la caridad al extremo y casi al comienzo de su pontificado fundó un hospicio para pobres. Bizancio ya no estaba en condiciones de atender militarmente a Italia. Cuando el diácono Gregorio llegó a Constantinopla en calidad de apocrisiario, el emperador Tiberio II comentó con él dos posibles soluciones al problema: una negociación con los lombardos o una demanda de ayuda a los francos; era la primera vez que alguien mencionaba esta posibilidad.
Giro a Occidente. En octubre del 580 Pelagio II tomó contacto con el obispo de Auxerre, Aunario: pretendía que éste convenciera a Gontram, rey de Borgoña, de que, respondiendo a los designios de la Providencia, a él correspondía convertirse en protector de Italia y del pontificado. El merovingio prestó oídos sordos. De todo informó Pelagio a su embajador Gregorio que, entre tanto, había establecido relaciones con otro apocrisiario venido de España, san Leandro (t 600). Se abría una nueva oportunidad con los visigodos. El emperador nada podía hacer; había cursado órdenes a Smaragdo, el exarca, para que intentara una negociación con los lombardos. éstos aceptaron, el 585, una tregua de cinco años.
Durante este plazo algunos acontecimientos importantes tuvieron lugar. El primero de todos fue que se restablecieron las relaciones de la Sede Apostólica con el norte de Italia: la diócesis de Aquileia había sufrido tanto con las invasiones que su obispo, Elias, había trasladado su residencia a Grado, mientras que sus fieles se habían refugiado en las islas cercanas a la costa donde nacería Venecia. Los esfuerzos que el diácono Gregorio, vuelto de Constantinopla, realizó para conseguir que se reanudase la comunión, fracasaron, sin embargo. Pelagio II no renunció ni siquiera a solicitar de Smaragdo el empleo de la fuerza, pero nunca pudo conseguir su propósito. Venecia heredaría de Aquileia las pretensiones de autocefalia.
III Concilio de Toledo. Sostenido en este punto por Gregorio, Pelagio operaba ya una especie de giro hacia Occidente. Un nuevo rey, Autario (584-590), gobernaba a los lombardos; estaba casado con una católica, Teodolinda (t 625), y se abrían grandes posibilidades para unos esfuerzos de conversión, que prosperaban. Pero el gran acontecimiento de este tiempo, saludado con entusiasmo en la correspondencia entre Gregorio y Leandro, sería el III Concilio de Toledo (589), que significaba el abandono del arrianismo por los visigodos. Una fuerte monarquía, profundamente enraizada en el derecho y la cultura romanos, estaba surgiendo en la península. En todo el Occidente se fortalecía el catolicismo y el repliegue bizantino hacía que dejaran de ser aquellas Iglesias llecos en el exterior para cobrar protagonismo. El 588 hubo de protestar Pelagio de que el patriarca Juan IV de Constantinopla asumiera, en un sínodo, el título de «patriarca universal». Se ordenó a Gregorio que rechazara las actas del sínodo y que rompiera la comunión con el patriarca hasta que éste se decidiera a reconocer que tal título correspondía únicamente al sucesor de Pedro.
Como una reivindicación del mismo, ordenó cambiar de sitio el altar mayor de la iglesia de San Pedro a fin de que coincidiera exactamente con el lugar de la tumba del apóstol.
Grandes inundaciones provocó el Tíber en noviembre del 589. Como consecuencia, se difundió por Roma y su comarca una terrible epidemia. El papa hizo verdaderos alardes de heroísmo y abnegación acudiendo en ayuda de los afectados. Contrajo la enfermedad y murió, siendo enterrado en San Pedro.
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