Esteban IV (23 junio 816 - 24 enero 817)
Romano y de familia aristocrática, conciliador y muy popular, la elección de Esteban obedece, probablemente, a la necesidad de buscar una paz interna en Roma, pues se había alterado mucho durante el pontificado de León III. La maduración de las estructuras de gobierno para lo que era ya un extenso principado soberano, se reflejaba en la existencia de tres sectores o partidos: el imperial, alimentado desde la corte carlovingia; el senatorial, formado por los grandes oficiales laicos y jefes de la milicia; y el que se conocía como familia sancti Petri, constituido por los directos colaboradores del papa, a veces sus parientes. Con mucha frecuencia, en adelante, el poder del papa será quebrantado, pero nunca se negaría ya el derecho de ejercer soberanía.
Esteban hizo que el pueblo jurara fidelidad al emperador, comunicó a éste su nombramiento y le anunció el propósito de viajar a su encuentro. Estaba en la corte de Luis el Piadoso (814-840) en octubre del 816: había llevado consigo la «corona de Constantino», que utilizó en la ceremonia de la coronación de ambos, Luis y su esposa Irmengarda. Aunque había sido asociado ya al Imperio por su padre, el acto de Reims quedó revestido de gran importancia: desde el punto de vista del rey, se reforzaba su poder espiritual; del lado del papa, se dejaba patente el principio de que nadie es emperador hasta ser ordenado, investido y casi consagrado por el sucesor de san Pedro. Siguieron a este acto negociaciones de las que únicamente conocemos su resultado, es decir el Privilegium Ludovici del 24 de enero del 817. Esteban solicitó que se perdonase a los exiliados que vivían en Francia desde el pontificado anterior. No pudo, sin embargo, conocer el contenido del Privilegium, pues falleció el mismo día en que el emperador ponía en él su firma.
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