Clemente IV (5 febrero 1265 - 29 noviembre 1268)
De nuevo francés. Los cardenales, reunidos en Perugia, estaban profundamente divididos respecto a la conducta a seguir: tardaron cuatro meses en elegir a Guy Foulquois, también francés, nacido hacia 1195 en Saint-Gilles-sur-Rhóne, hijo de un juez y consejero importante de Luis IX. Al enviudar se había ordenado, siendo obispo de Le Puy (1257), arzobispo de Narbona (1259) y cardenal obispo de Sabina (1261). En condición de tal fue legado en Inglaterra, mediando entre Enrique III y los barones. Elegido cuando regresaba a Italia hubo de disfrazarse de monje para llegar a Perugia; allí fijó su residencia, más tarde en Viterbo, nunca en Roma. Había logrado durante su legación que Inglaterra se abstuviese de participar en las querellas sicilianas. En 1268 explicaría confidencialmente a los embajadores que no creía en la legitimidad de los derechos de Alfonso X.
Conquista de Nápoles. Absolutamente profrancés, instó a Carlos de Anjou para que acelerara la llegada de tropas. Carlos entró en Roma en mayo de 1265 y recibió la investidura del reino (28 junio) sin renunciar a su título de senador. El papa ordenó predicar la cruzada contra Manfredo y respaldó la operación de los banqueros de Florencia con los fondos de la Iglesia en Francia durante un plazo de treinta años. El 26 de febrero de 1266, Manfredo fue derrotado y muerto en Benevento; la correspondencia del papa no deja duda respecto a que Clemente reprendió a Carlos con severidad por la dureza de sus represalias y de su régimen. Pero cuando Conradino, en julio de 1268, llegó a Roma reclamando su herencia, Clemente IV le excomulgó; nada hizo tampoco en su favor cuando el joven príncipe, derrotado y preso en Tagliacozzo (23 de agosto), fue ejecutado públicamente.
La victoria de Carlos de Anjou trajo una profunda decepción al papa, como ya E. Jordán Les origines de la domination angevine en Italie, París, 1910) señalara: el príncipe francés no se limitó a ser rey de Sicilia, preparando la cruzada, sino que muy pronto, asumiendo el vicariato imperial, trató de extender sus dominios a otras regiones de Italia. A pesar de todo, Clemente IV reiteró su apoyo, desoyendo las demandas de Miguel VIII, que quería llegar a la unión para quitar a Carlos el pretexto esencial.
Dos actos importantes de este pontífice son: la bula Ea quae iuditio (Kaspar Elm, Die Bulle Ea quae iuditio Clemens IV, 30-VW-1266, Lovaina, 1968), que unió a los ermitaños de san Agustín, antes dispersos, en una sola congregación, y la Licet ecclesiarum, que establecía un sistema de designación directa en todos los beneficios que vacaren estando su anterior titular en corte de Roma.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.