Celestino IV (25 octubre - 10 noviembre 1241)
De los doce cardenales subsistentes, dos estaban en poder de Federico II y los otros diez divididos y atemorizados. El cónsul Mateo Rosso Orsini, para obligarles a una elección rápida, recurrió a un procedimiento que empleaban ciertas ciudades: encerrarles con llave y en malas condiciones en el palacio de Septizonium junto al Palatino. A pesar de todo, transcurrieron dos meses sin que se decidieran entre los dos candidatos, Godofredo de Castiglione y Juan Colonna. La muerte de uno de los cardenales y las amenazas de Orsini acabaron por provocar la elección de Godofredo, que tomó el nombre de Celestino. Buen teólogo —es dudoso que se tratara de un sobrino de Urbano III—, había sido cardenal de San Marcos (1227) y luego obispo de Sabina. Fracasó en una misión en Lombardía, para luchar contra la herejía y esto detuvo su carrera eclesiástica. Enfermo, dio justamente tiempo para que los cardenales salieran de su encierro, pues murió a los quince días de su elección sin haber sido ordenado.
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