Benedicto XI, beato (22 octubre 1303 - 7 julio 1304)
Un continuador. Aunque el ambiente en Roma estaba profundamente alterado por el enfrentamiento entre los Gaetani y los Colonna, el cardenal Mateo Rosso Orsini consiguió que se celebrara el cónclave, sin autorizar la entrada de los dos depuestos cardenales, Pedro y Jacobo, y que se hiciera una rápida elección unánime de Nicolás Boccasino, antiguo general de los dominicos y ahora cardenal obispo de Ostia. Nacido en Treviso en 1240, de humilde familia, ingresó muy joven en la orden de los Predicadores. Su lealtad a Bonifacio había sido causa de que éste le promoviera cardenal en 1298 y lo empleara como legado en Francia, y, sobre todo, en Hungría, defendiendo con calor, aunque sin éxito, las pretensiones de Carlos Roberto. De ahí nacía el agradecimiento de Carlos II, abuelo de aquel príncipe, cuyas tropas garantizaron el orden durante el cónclave. Los cardenales le eligieron porque iba a defender la memoria de Bonifacio VIII pero, al mismo tiempo, porque era un hábil negociador. Pronto sería acusado de debilidad, pero probablemente hizo la política que más convenía en aquellos momentos.
Escogió el nombre de Benedicto en memoria y honor de Bonifacio VIII (Benedetto Gaetani), y buscó de inmediato los medios de lograr una paz sin concesiones excesivas: dejó sin pronunciar la sentencia de excomunión contra Felipe IV y aceptó una reconciliación de los Colonna con la Iglesia, sin restituirles el capelo; volvió a establecer relaciones con Fadrique de Sicilia, renovando el compromiso de vasallaje y, con él, el abono del dinero de san Pedro; envió a Florencia al cardenal Nicolás de Prato a fin de propiciar la reconciliación de las facciones que fue acordada en una gran fiesta (17 marzo 1304), aunque en esta oportunidad cosechó un fracaso, ya que esta intervención sirvió únicamente para que los linajes relevantes de la parte güelfa, Donati, Tosingi, Médicis, tomaran represalias contra sus enemigos. En favor de Felipe IV pronunció la excomunión contra los rebeldes flamencos que causaran al rey la derrota de Courtrai.
Condena del atentado. Nada de esto sirvió para obtener el cambio deseado en las relaciones con Francia: se había adelantado a comunicar al rey su elección, y cuando Felipe respondió congratulándose, publicó la bula que le exoneraba de cualquier censura (25 de marzo de 1304), usando de la habilidad de hacerla extensiva a toda su familia. Prácticamente dejó sin efecto la Clericis laicos y otorgó al monarca los diezmos del clero correspondientes a dos años. De estas medidas de clemencia mantuvo sin embargo una excepción: Nogaret. éste, por otra parte, seguía reclamando la convocatoria de un concilio que condenase al papa, pues sólo la sentencia contra Bonifacio le absolvería de toda culpa. Benedicto, tras haber consultado con sus cardenales, incrementados en tres puestos, todos de dominicos, decidió precisamente lo contrario. Llegado a Perugia, publicó la bula Flagitiosum scelus (7 de junio de 1304), condenando abiertamente a Nogaret, Sciarra Colonna y otros doce como responsables de una agresión contra el papa. Las espadas estaban de nuevo en alto cuando Benedicto murió exactamente un mes más tarde.
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