Benedicto VIII (17 mayo 1012 - 9 abril 1024)
Elección disputada. La muerte en breve plazo de Sergio y Juan Crescendo, permitiría a los condes de Tusculum, descendientes también de Teofilacto, un relevo en el poder. Los Crescencio designaron a cierto clérigo, Gregorio. Los Tusculanos promovieron a uno de los suyos, Teofilacto, hijo precisamente del conde, que tenía algo más de treinta años de edad, y le instalaron en Letrán por la fuerza. Siendo laico, recibió todas las órdenes de inmediato. Benedicto retuvo para sí el poder supremo, encomendando a su hermano el gobierno civil de Roma con el título de cónsul y duque, pero dejando claro que se trataba de una especie de delegación de la Sede Apostólica. K.-J. Hermann (Die Tuskulanerpapsttum (1012-1046), Benedikt VIH, Johannes XIX, Benedikt IX, Stuttgart, 1973) define el cambio producido, en relación con los papas anteriores de este modo: el pontífice era soberano supremo; el cónsul pasaba a ser delegado para la administración del Patrimonium y el cumplimiento de las órdenes que le dieran.
Obligado a huir de Roma, Gregorio viajó a Alemania esperando convencer a Enrique II de las ventajas de su causa, pero el rey le recibió en Pohlde (Sajonia) con deliberada frialdad. Le prohibió usar su oficio hasta que él mismo fuera a Roma y decidiera en el pleito «conforme a la costumbre romana». Esta actitud permite suponer que tenía tomada ya su decisión. Parece que Enrique II había tomado contacto con Benedicto recibiendo de él las garantías que necesitaba acerca de su propia política. Antes de concluir el año 1012 se había producido el reconocimiento. Desde este momento se borran las huellas de Gregorio, que aparece mencionado únicamente como un antipapa.
Enrique II en Italia. A diferencia de Juan Crescencio, Benedicto VIII decidió estrechar las relaciones con Enrique II: a un papa dueño del poder, convenía la existencia de un emperador. Al tiempo que remitía la confirmación de los privilegios concedidos a Bamberg, cursaba la invitación, que fue aceptada, para que Enrique II viajara a Roma para ser coronado. La ceremonia tuvo lugar el 14 de febrero de 1014. En este viaje tuvo el emperador la oportunidad de dispersar toda oposición en Lombardía, siendo ahora firme dueño del reino. Dejó a su hermano Amoldo instalado en la sede metropolitana de Rávena. En esta ciudad se reunieron las dos cabezas, y Benedicto, para congratularse con Enrique II, dispuso que la costumbre alemana de cantar el Credo en la misa se incorporara a la liturgia universal: en ese texto se incluía el Filioque. Juntos presidieron un sínodo en que se tomaron por primera vez resoluciones de ambas autoridades acerca de la disciplina del clero. El problema que en aquellos momentos llamaba principalmente la atención era el de la dispersión de bienes como consecuencia del concubinato, que se había extendido especialmente en Italia.
Ausente el emperador, Benedicto dedicó su atención a los problemas del Mediterráneo y del sur de Italia. Ataques musulmanes habían tenido lugar contra Pisa los años 1004 y 1011, mientras que una flota venida de Baleares desembarcaba tropas en Cerdeña (1015). Benedicto logró reunir en una alianza su propia flota con las de Genova y Pisa, procediendo a la reconquista de Cerdeña e impulsando el entusiasmo de los italianos para una ofensiva que a partir de este momento se desarrolló con éxito creciente. En otro campo, el papa apoyó a dos jefes rebeldes, Meles y Dattus, que se habían alzado contra la autoridad bizantina en el mediodía; como una consecuencia se rompieron, una vez más, las relaciones con el patriarcado. Favoreció incluso que caballeros mercenarios, venidos de Normandía de Francia, se pusiesen al servicio de dichos rebeldes: abría de este modo perspectivas entonces poco presumibles. Al principio, toda la maniobra pareció discurrir por mal camino: los rebeldes fueron derrotados en Cannas y las tropas bizantinas llegaron a amenazar Roma (1019).
Benedicto emprendió el viaje a Alemania en busca de ayuda, y en la Pascua del 1020 se entrevistó con el emperador en Bamberg. Enrique II le hizo entrega de un documento que era réplica del famoso privilegium otonianum, manifestando la voluntad de cumplirlo, y concertó una expedición a Italia, poniendo la reforma de las costumbres como objetivo principal. El emperador y el papa viajaron en compañía de un fuerte ejército, reuniendo en Pavía un sínodo cuyos cánones se incorporaron a las leyes del Imperio: se usaron expresiones muy fuertes contra la simonía y el concubinato eclesiásticos; los hijos nacidos en estas uniones sacrilegas seguirían en todo caso la condición social inferior de cualquiera de sus progenitores. Se trataba de conseguir un clero célibe, celoso cumplidor de sus deberes y custodio atento de los bienes eclesiásticos. Una meta que parecía aún muy lejana pero para la que se contaba con san Odilo y sus monjes: las dos potestades garantizaron a Cluny todo su apoyo. Todas las disposiciones se confirmaron en otro sínodo, en Roma. Las operaciones militares en el sur de Italia consiguieron el restablecimiento de las fronteras.
Conflicto con Maguncia. Era mucho lo que Benedicto consiguiera gracias a aquel cambio que le daba absolutamente la iniciativa en Roma, y a la estrecha amistad con Enrique II. La autoridad correspondiente al primado estaba segura. Lo demuestra el hecho de que no tuviera inconveniente en entrar en conflicto con uno de los más poderosos obispos alemanes, Aribon de Maguncia. Un sínodo celebrado en esta sede había disuelto, alegando razón de parentesco, el matrimonio del conde de Hammerestein. La esposa, sintiéndose injustamente tratada, apeló a Roma. Aribon convocó un segundo sínodo (1023) tratando de impedir la apelación sin poner en duda la primacía del papa: se dijo que para que la apelación pudiera tener lugar se necesitaba que el pecador cumpliera la penitencia —debía ejecutarse la separación— y también que el obispo concediera su permiso. Benedicto rechazó las dos condiciones y, considerándolas un abuso, privó a Aribon del pallium. Poco tiempo después de la muerte del papa, una intervención de Enrique II zanjaría el conflicto. Quedaron en suspenso las acciones contra Irmgarda y se la permitió apelar ante Roma.
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