Alejandro I, san (109? - 116?)
Considerado como mártir, probablemente se le ha confundido con otra persona del mismo nombre, cuyas reliquias fueron encontradas a mediados del siglo xix en el lugar donde se señalaba su enterramiento, en la vía Nomentana. Otra tradición imposible de comprobar le atribuye la introducción de la costumbre de bendecir los hogares con agua y sal; se trata, sin duda, de un anacronismo. Sin embargo, en medio de este silencio, se produce el hecho singularmente importante de la Epístola que san Ignacio de Antioquía dirigió a la Sede Apostólica, «que preside en la capital del territorio de los romanos» y que está «puesta a la cabeza de la caridad». San Ignacio no da el nombre del obispo que gobierna dicha sede, porque su carta no tiene carácter personal, sino institucional: en torno al año 110 un patriarca oriental reconocía que en la unión de caridad que formaban todas las Iglesias cristianas, a la de Roma correspondía ser la cabeza.
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