Vocación
La vocación es una palabra que nos es dirigida, una semilla que nace y crece dentro de la relación con Dios; cuando la relación y el diálogo se cortan, la vocación se debilita. La vocación es aceptar un diálogo en el que yo no digo ni la primera ni la última palabra: sólo tengo que contestar. Lo importante es aceptar el diálogo. ¿Cómo facilitar, entonces, el diálogo, haciendo que, por ejemplo, nuestra oración o búsqueda de una vocación no sea un simple monólogo? No hay otro camino que el de tomar en serio la palabra de Dios como Palabra, dejarla hablar, darle prioridad, y después contestar. Tomar en serio la Escritura como palabra dirigida a mí, como inicio del diálogo vocacional, y mantenerme en este diálogo. Sin una meditación diaria, perseverante, de la Palabra de Dios, hecha a ¡o mejor durante un tiempo breve pero constante, es difícil entrar y después crecer en el diálogo vocacional, es difícil dejar la puerta abierta a la Palabra.
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