Sagrada Escritura
Hablando de adhesión a la Palabra de Dios, no se puede negar un puesto privilegiado a la palabra escrita, sobre todo hoy que la gente ha alcanzado un grado de cultura que le permite acercarse a ella. En una civilización «del libro», como es la nuestra, la Escritura se convierte en un instrumento actualísimo para acercarnos a la Palabra de Dios en general, un instrumento necesario para alimentar nuestra fe. Habrá que completar el acercamiento personal a la Escritura con la predicación, el magisterio, la liturgia, la tradición entendida en el sentido más amplio. El cristiano maduro es un creyente que vive la vida de la liturgia, y por tanto, en la liturgia es guiado por las lecturas y la homilía. Es un creyente que vive una iniciación catequética global y ordenada del misterio cristiano. Es un creyente que se deja instruir por los documentos del magisterio, que van aplicando, a tal o cual momento de la vida cristiana, las grandes realidades de la Palabra. Por tanto, si el cristiano maduro vive esta plenitud, puede acceder con toda tranquilidad a la complejidad de la Escritura, porque instintivamente sabrá situarla dentro del marco de la propuesta de la Palabra que nos viene de la Iglesia en su conjunto. El nuevo leccionario nos ofrece una ayuda extraordinaria. Si seguimos con atención el festivo, en su ciclo trienal; y si procuramos mantener una relación diaria con el ferial, podemos ir asimilando poco a poco, según las diversidades de los tiempos litúrgicos, el plan de Dios tal y como la Escritura nos lo manifiesta, llegando a tener una familiaridad con la Palabra, alimento de nuestra fe.
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