Intercesión
Interceder no quiere decir simplemente «rezar por alguien», como casi siempre pensamos. Etimológicamente significa «dar un paso al medio», o sea, dar un paso para ponernos en medio de una situación. Interceder significa entonces ponerse allí donde se produce el conflicto, ponerse entre las dos partes del conflicto. Por tanto, no se trata sólo de presentar una necesidad ante Dios (iSeñor, danos la paz!), manteniéndonos al margen. Interceder es una actitud mucho más seria, grave y comprometida, es algo mucho más arriesgado. Interceder es estar allí, sin moverse, sin huir, tratando de poner la mano sobre el hombro de ambas partes, aceptando el riesgo de esta postura. En la Biblia hay una página muy esclarecedora al respecto. Cuando Job se encuentra, casi desesperado, ante Dios, que en ese momento le parece un adversario irreconciliable, grita: «¿Quién se pondrá entre mi juez y yo? ¿Quién posará su mano sobre su hombro y el mío?». Por tanto, no se trata de alguien que desde lejos exhorta a la paz o reza enérgicamente por la paz, sino de alguien que se pone en medio, que entra en el corazón de la situación, que extiende sus brazos a derecha e izquierda para unir y pacificar. Es el gesto de Jesucristo en la cruz. Con esto nos damos cuenta de que una verdadera intercesión cristiana es difícil; sólo se puede hacer en el Espíritu Santo y sabemos que no todos la comprenderán. Pero si hay un deseo que suscita es éste: el de estar en este momento en los lugares de conflicto, en las calles donde ciudadanos indefensos son amenazados y asesinados. Estar allí de forma meramente pasiva, sin ninguna acción política, sin ningún clamor, sólo con la fuerza de la intercesión. Estar allí, como María al pie de la cruz, sin maldecir ni juzgar a nadie, sin gritarle a la injusticia, sin insultar.
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