Discernimiento
El «discernimiento espiritual», una palabra muy conocida para la Biblia y la tradición espiritual cristiana, es el esfuerzo por evaluar, distinguir, localizar, entre las distintas actitudes humanas, las que proceden y las que no proceden de un movimiento interior del Espíritu Santo. Todo aquello que de auténtico se hace en la Iglesia emana de la escucha del Espíritu. Por cada gesto genuinamente eclesial se puede repetir el estribillo que marca las siete cartas dirigidas a las Iglesias, recogidas en los primeros capítulos de! Apocalipsis: «El que tenga oídos, que escuche lo que el Espíritu dice a las Iglesias». Pero hay distintas formas de escucha. A veces la escucha es un «reconocimiento», cuando consiste en ver, acoger y proclamar las fundamentales realidades cristianas que componen la esencia misma de la vida eclesial, es la actitud de escucha frente a realidades como la Palabra, la eucaristía, la comunidad, el ministerio pastoral: en estos casos, «escuchar» significa reconocer la voz del pastor, según Juan. Otras veces, en cambio, la escucha adquiere más específicamente la forma de un «discernimiento»: en este caso, el objeto inmediato ya no es simplemente una realidad divina que hay que reconocer como normativa para la propia vida, sino un comportamiento humano, un fenómeno histórico, una decisión comunitaria, de la que uno se pregunta si, cómo, hasta qué punto, en qué condiciones y con qué consecuencias se realizan en la historia los perennes valores que Cristo ha confiado a la Iglesia.
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