Comunicación
No hay verdadera comunicación entre las personas fuera de esa realidad de la cual, en la cual y para la cual el hombre y la mujer han sido creados, es decir, el misterio del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, su amor mutuo, su diálogo ininte rrumpido. Dios crea al hombre a su imagen y semejanza, y toda criatura humana lleva en sí la impronta de la Trinidad que la ha creado. Dicha impronta se manitiesta también en la capacidad y necesidad de comunicarse con los demás. El relato de la venida del Espíritu Santo sobre los apóstoles y de su consiguiente capacidad de expresarse y de hacerse entender en todos los idiomas, superando así la confusión lingüística de Babel, es uno de los retratos más eficaces del don de la comunicación que Dios otorga a su pueblo, Y el don del Espíritu Santo en Pentecostés suscita así una extraordinaria capacidad comunicativa, vuelve a abrir los canales de comunicación que se habían interrumpido en Babel y restablece la posibilidad de una relación sencilla y auténtica entre los hombres en el nombre de Cristo Jesús. La comunicación de Dios, que se realiza en la alianza, suscita un pueblo que es el resultado de dicha acción divina. De lo cual se deduce que los agrupamientos humanos envueltos por el flujo comunicativo divino (familia, comunidad, pueblo, comunidad de pueblos, Iglesia) son lugares privilegiados para la comunicación humana y están garantizados y sostenidos por la gracia del misterio de Dios, que los mueve a ser canales de comunicación auténtica entre los hombres.
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