Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (U
R.S.S.). Desde 1922 hasta 1990, Estado federal que abarcó todo el norte del continente asiático y parte de Europa, siendo el más extenso del mundo (22.274.900 km2) y el tercero en población; con capital en Moscú. Las quince repúblicas federadas fueron: Rusia, Ucrania, Rusia Blanca (Bielorrusia), Armenia, Azerbaidján, Georgia, Turkmenistán, Uzbekistán, Tadjikistán, Kazakstán, Kirguizia, Estonia, Lituania, Letonia, Moldavia y 28 repúblicas o territorios autónomos. Historia. Después de tomarse el poder en noviembre de 1917, los bolcheviques constituyeron un nuevo régimen al mando de Lenin, que eliminó toda oposición. El 1 de marzo de 1918 se firmó el tratado de BrestLitovsk, por el cual Rusia perdía parte de Polonia, Curlandia, Livonia, Estonia, Ucrania y Finlandia, y se comprometía a pagar una indemnización de guerra de 6 mil millones de marcos de oro a Alemania, a cambio de la paz. El gobierno de LeninTrotski se desprendió rápidamente de la oposición de melcheviques y socialistas revolucionarios, pero los “blancos”, partidarios del zarismo (el zar Nicolás II fue asesinado en julio de 1918, junto con toda su familia), lanzaron importantes ofensivas contra el joven régimen, con el apoyo de las potencias occidentales y de Japón. En Ucrania, el Ejército Rojo tuvo que combatir contra el ejército blanco y, a la vez, contra los campesinos que seguían al anarquista Makno. Derrotados los blancos, la resistencia campesina continuó hasta 1921. El país se organizó militarmente, con todas las fuerzas movilizadas de forma autoritaria: era el “comunismo de guerra”. El país salió de la guerra civil agotado, devastado. El comunismo de guerra se soportaba cada vez menos. Los marinos de Kronstadt, la “joya de la revolución”. se sublevaron enarbolando las primitivas banderas y fueron masacrados por Trotski. En 1922 se proclamó la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. La construcción del nuevo Estado se consolidó con la colonización de las repúblicas no rusas, la promulgación de la Constitución de 1924 y el reconocimiento por las potencias occidentales. A la muerte de Lenin, se entabló la lucha por el poder entre Stalin y Trotski. El primero, secretario general del partido comunista de la Unión Soviética (PCUS), postulaba la consolidación del comunismo en la URSS antes de apoyar la revolución en otros países. Tras neutralizar a Trotski y a la “oposición de izquierda”, y más tarde a la de “derecha” (Bujarin), Stalin se dedicó al cumplimiento de dos objetivos: el afianzamiento del Estado y el desarrollo económico. En 1935 el régimen se endureció aún más y contra jefes del Ejército Rojo y del partido se desencadenó una serie de grandes procesos que acabaron con la eliminación de dirigentes de primera fila de la economía y del ejército. Los planes quinquenales exigieron, a partir de 1929, un trabajo encarnizado y grandes sacrificios materiales. Se realizaron importantes progresos en la infraestructura industrial y en la industria pesada, pero el nivel de vida continuó bajo. En el campo, la colectivización obligatoria chocó con la oposición de los campesinos; la represión fue implacable y, en consecuencia, el sector agrícola quedó totalmente desorganizado. En política exterior, Stalin se decidió finalmente por una intervención limitada, alentando la formación de “frentes populares”. El fracaso de esta política, el auge del fascismo y el sentimiento de un inevitable enfrentamiento con Alemania empujaron a Stalin a aumentar el poderío militar de la URSS, cuyos cuadros de mando habían sido diezmados por los procesos. El pacto germanosoviético (1939), le permitió la anexión inmediata, tras el comienzo de la guerra, de extensos territorios occidentales. Cuando Alemania se volvió contra su antiguo aliado (1941), el Ejército Rojo fue fácilmente barrido hasta Stalingrado, donde fue detenido el avance alemán (invierno 19421943). Aliado ahora a las potencias occidentales, el Ejército Rojo pasó a la ofensiva, reconquistó el territorio nacional y llevó su arremetida hasta Berlín (1945). La URSS salió de esta guerra agotada, pero ganó territorios hacia el O. Después de la Conferencia de Yalta, comenzó a extender su influencia en Europa oriental. Entre 1945 y 1948, en varios países se establecieron gobiernos prosoviéticos. El período siguiente, llamado de “la guerra fría”, fue de gran tensión con Occidente, acentuada por la crisis de Berlín y la guerra de Corea. La posesión de la bomba atómica condujo a un “equilibrio del terror” con EE.UU. Tanto en el interior de la URSS como en los países aliados, el descontento nacido de las penurias de la posguerra fue sofocado mediante la represión. Poco después de la muerte de Stalin (1953), Jruschov ocupó el puesto de secretario general del partido e inició un proceso de eliminación de sus rivales. El XX Congreso del PCUS (1956) marca el comienzo del proceso de “desestalinización”, pero las crisis en los estados satélites de 19531956 (Berlín, Polonia, y sobre todo, Hungría) concentraron la atención en los problemas de defensa del bloque soviético. Las reformas interiores resultaron insuficientes y no se pudieron corregir los defectos estructurales de la economía. La crisis de Cuba (1962) produjo una grave tensión en las relaciones con Occidente; en 1964 se consumó la ruptura con China, prevista desde 1960. Los fracasos económicos y políticos causaron la caída de Jruschov, que dimitió en 1964. Le sucedió la troika, formada por Brezhnev, Kosiguin y Podgorny, pero Brezhnev adquirió, muy pronto, preponderancia. Los éxitos espectaculares en astronáutica y algunas medidas sociales proporcionaron al gobierno un prestigio que le permitió neutralizar la influencia de los “disidentes”; pero la crítica de éstos, sumada a la de científicos e intelectuales, así como la situación de los judíos soviéticos, alcanzaron resonancia internacional. La creciente rivalidad con China, su poderoso ex aliado, llevó a la URSS a buscar un acercamiento con Occidente: RFA (19701971), EE.UU. (conferencia sobre limitación de armamentos), Europa (Francia en particular). Pero, por otra parte, la URSS no admitía que se cuestionara el modelo soviético en los países socialistas: a esto se puede atribuir la invasión de Checoslovaquia en 1968, que puso término a una experiencia liberalizadora. A pesar de algunos gestos, como la adopción de una nueva Constitución, la conferencia de Helsinki sobre distensión, etc., la imagen de la URSS continuó ensombrecida en Occidente por la cuestión de los derechos humanos y su intervención en Afganistán en 1979. Por otro lado, el acercamiento de China a EE.UU. aumentó su aislamiento diplomático. En 1982, tras la muerte de Brezhnev, Yuri Andropov fue designado para sucederlo. A éste siguieron Chernenko y después Gorbachov, quien renovó los hábitos políticos de la URSS. Obtuvo grandes logros en las relaciones internacionales con los países del club atómico, al aplicar la perestroika (acercamiento) con transformaciones tan grandes como la caída del muro de Berlín, la reunificación de las dos Alemanias y la apertura de las fronteras de Hungría y la antigua Checoslovaquia. la democratización en Polonia y la caída del régimen rumano. Como parte de su nueva política, el glasnost (apertura), entró en vigor la ley que autorizó la iniciativa privada en algunas actividades de producción y servicios, medidas que produjeron el recelo de los comunistas, quienes intentaron un fracasado golpe de Estado en agosto de 1990. Gorbachov recuperó el poder a los pocos días, y disolvió el partido comunista. Finalmente, el 8 de diciembre de 1991 se declaró disuelta la URSS y se formó la Comunidad de Estados Independientes, CEI.
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