Versiones de la Biblia
los diferentes traductores de los libros sagrados tienen el ideal de utilizar los textos más antiguos, los más fieles al original.
Sin embargo habiéndose escrito los libros en varios idiomas y no existiendo copias originales sino muchos manuscritos diversos, establecer cuál es el mejor texto de un libro, de un versículo, es asunto dispendioso. Imposible sería entonces pretender una Biblia completa en un idioma original.
De lo anterior se desprende la importancia de las versiones griegas de la Biblia hebrea, que en muchos casos presentan materiales superiores a ésta, puesto que muchos manuscritos griegos son más antiguos que los de la hebrea completa. La versión griega más importante es la llamada Septuaginta o de los Setenta, llamada así pues se dice que fue realizada por setenta traductores. Lo que sí es cierto es que hubo varios traductores; la primera versión al griego abarcaba solamente la Torá, y fue llevada a cabo en la ciudad egipcia de Alejandría, en el siglo III a. C., y más tarde se vertieron en griego los demás libros, lógicamente por otros traductores con diferentes concepciones. Se hicieron otras versiones griegas de las cuales se conocen fragmentos gracias a los primeros Padres de la Iglesia y otros autores. Se tiene noticia de las versiones griegas de Aquila, Símaco, Teodocio y Luciano. El teólogo y apologeta cristiano Orígenes, del siglo III, hizo la Hexapla, una crítica textual comparada compuesta de seis columnas paralelas con los textos hebreo, el griego y los de los cuatro mencionados atrás.
Entre otras versiones es necesario nombrar la siríaca, pues el siríaco es un idioma similar al arameo que hablaron Jesús y algunos de sus discípulos; esta versión se conoce con el nombre de Pessita, que significa en siríaco, “simple” y data del siglo I.
Para la Iglesia de Occidente tuvieron mucha importancia las versiones latinas. La primera, llamada Vetus latina, o Latina Antigua, de mediados del siglo II, es una versión en latín basada en la Septuaginta. Integrada en su mayoría por traducciones hechas en el norte de África y en Italia. Esta versión tuvo mucha difusión y pasó por varias revisiones, en un latín popular. Debido a esto, en el año 382, el papa Dámaso I encomendó al erudito Eusebio Jerónimo, conocido como San Jerónimo, la revisión de la versión latina. Inicialmente revisó los cuatro Evangelios, cotejando la versión latina con los manuscritos griegos, cambiando, según Jerónimo, lo absolutamente necesario. Así se revisó todo el N. T., y muchos dudan de la verdadera participación de Jerónimo en este trabajo.
En cuanto al A. T. Jerónimo comenzó la revisión basándose en la versión griega de la Septuaginta, pero llegó a la conclusión de que era más fidedigno volver al hebreo, por lo que viajó a Tierra Santa, donde se estableció en un monasterio de Belén, y llevó a cabo la traducción latina de la Biblia conocida como la Vulgata. Esta versión es la que más influencia ha tenido en Occidente, y durante los doce siglos siguientes a su aparición fue transmitida cada vez con menor fidelidad. El Concilio de Trento determinó la necesidad de tener un texto latino auténtico e hizo revisar las versiones corruptas que se habían conservado. En el año de 1546 decretó como texto oficial latino de la Iglesia católica la Vulgata. El papa Paulo VI, con motivo del Concilio Vaticano II ordenó una reelaboración del texto de Jerónimo, que se terminó hacia el año de 1977 y es la base para los textos litúrgicos en lenguas vernáculas decretados por el Vaticano II.
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