Serafines
del hebreo saraf, ardientes. Seres celestiales alados mencionados en las Escrituras únicamente en la visión cuando Isaías fue llamado por Dios a profetizar. Isaías vio al Señor sentado en el trono, encima de él vio unos s. erguidos. Éstos tenían tres pares de alas, con uno de ellos se cubrían el rostro, por el temor de ver a Dios; con el segundo cubrían sus cuerpos y con el tercero, volaban. Los s. alababan la gloria de Dios, gritándose el uno al otro: “Santo, santo, santo, Yahvéh Sebaot: llena está toda la tierra de su gloria”. Era tan fuerte la voz de los s. que se conmovieron los quicios y dinteles del Templo. Isaías se declaró un hombre de labios impuros e indigno ante la santidad de Dios; pero uno de los s. tomó con las tenazas una brasa del altar, voló hacia Isaías y le tocó con ella, fuego purificador, los labios, y le dijo: “He aquí que esto ha tocado tus labios: se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado”, Is 6. La tradición, al igual que los querubines del Arca, les dio el nombre de ángeles, que forman parte del coro celestial.
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