Primicias
primer fruto de cualquier cosa. El ofrecimiento de las p. a Dios, que se conoce desde los primeros tiempos bíblicos, Gn 4, 3-4, es el reconocimiento de su señorío absoluto; se le reconocía como dueño y dador de los frutos, pues todo se debe a su bendición, y por lo tanto las p. le pertenecen y le están consagradas, Ex 22, 28; 23, 19; 34, 16; Lv 2, 12 y 14; 10, 10-17; Dt 18, 4. Se ofrecían las de la tierra y las del ganado, así como las p. de la molienda, el pan, cuando ya el pueblo estaba establecido en la tierra de Canaán, Nm 15, 17-21. Eran una contribución para el sostenimiento del culto, en Nm 18, 12-13, corresponden al sacerdote.
Existían dos fiestas asociadas con el ofrecimiento de las p. la fiesta de la siega, que marcaba la terminación de la cosecha, llamada de las Semanas, Ex 34, 22, que se extendía durante siete semanas, celebrada cincuenta días después de la Pascua, Lv 23, 16, por lo que recibía también el nombre de Pentecostés, del griego pentêkostê, quicuagésimo, Tb 2, 1. Y la fiesta de la Recolección o de la Cosecha, en otoño, al final de ésta, fiesta llamada también de las Tiendas o de los Tabernáculos, Dt 16, 13; Lv 23, 34; porque se hacían tiendas como las que confeccionaban en el campo para la época de la recolección y eran también un recuerdo de los campamentos de los israelitas en la peregrinación por el desierto, Lv 23, 43.
Figuradamente Israel es llamado, entre los demás pueblos, p. de Yahvéh, Jr 2, 3, consagrado a él; como también se llama al nuevo pueblo de Dios conformado, no ya por Israel solamente, sino por todos los creyentes en Jesús, sin distinción alguna, que poseen las p. del espíritu., Rm 8, 26; pues Jesús venció la muerte, “primicia de los que murieron”; ya que si por un hombre vino al mundo la muerte, por Jesús vino la resurrección, 1 Co 15, 20-21. El Padre, dice Santiago, nos creó para que fuésemos las p. de sus criaturas, St 16, 18. San Pablo llama a Epéneto “p. del Asia para Cristo”, Rm 16, 5, tal vez el primer cristiano de esta región del mundo.
Lo mismo dice de la familia de Estéfas “p. de Acaya”, 1 Co 16, 15. Primogénito, que ha nacido primero, hombre o animal, que según la Ley debía ser consagrado a Dios, Ex 13, 1 y 11-13; 22, 28; Ex 34, 19-20; Dt 15, 19. A Aarón y a sus descendientes, los sacerdotes, se les entregó el ministerio de todo lo que le pertenece a Yahvéh, todo primogénito será para el sacerdote, y debía hacer rescatar al p. del hombre y del animal impuro, Nm 18, 15-17. Los descendientes de Leví fueron escogidos por Yahvéh para él, consagrados en rescate de los primogénitos de Israel, para estar a su servicio, Nm 3, 12-13, por esto no se les dio heredad, cuando el reparto de la tierra de Canaán, pues su herencia era Yahvéh.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.