Pan
se indica como el alimento en general, cuando Yahvéh le dijo al primer hombre, tras expulsarlo del paraíso: “Con el sudor de tu rostro comerás el p.”, Gn 3, 19. El p. propiamente dicho, se prepara a partir de una masa de la flor del trigo, el centeno y la cebada, entre otros cereales.
Las primicias de la molienda estaban consagrada a Dios y se reservaba una torta de p., Nm 15, 17-21. Fue el alimento principal de los israelitas, quienes comían principalmente p. de cebada, Jc 7, 13; el Evangelio de Juan precisa que los panes que multiplicó Jesús para dar de comer a la multitud que le seguía, eran de cebada, Jn 6, 9 y 13. Abraham ofreció p. a los viajeros, que era símbolo de hospitalidad, frente a su tienda, en al encina de Mambré, Gn 18, 1-8. El p. se convirtió en el alimento por excelencia de los pobres, dejando paso al pan de trigo como alimento habitual que anteriormente era comida de los ricos, se envió como presente muy especial a José, que estaba en Egipto, por Jacob, Gn 45, 23.
Inicialmente el p. lo hacían las mujeres en la casa pero en la época de los reyes había panaderos profesionales, Jr 37, 21. Cuando el profeta Elías fue enviado por Yahvéh a esconderse en el torrente de Querit, los cuervos le suministraban allí el alimento, p. y carne, 1 R 17, 4-6.
En sentido figurado el maná del que se alimentaron los israelitas en el desierto, es llamado “p. de los Fuertes”, esto es, de los ángeles, Sal 78 (77), 25; y “p. del cielo”, Sal 105 (104), 40. El salmista en su aflicción, dice que sus lágrimas son su p. día y noche, Sal 42-43, (41-42), 4; después del saqueo de Jerusalén y de la deportación, le dice a Yahvéh que le ha dado de comer a su pueblo “un p. de llanto”, Sal 80 (79), 6. En las Escrituras se encuentra una expresión “bastón de p.”, pues los panes se guardaban ensartados en un bastón, y la expresión equivale a “provisión de p.”, Lv 26, 26; Sal 105 (104), 16; Ez 4, 16; 5, 16; 14, 13. Cuando Jesús fue tentado en el desierto por el diablo, estando el Señor con hambre tras cuarenta días y cuarenta noches de ayuno, éste le propuso convertir las piedras en p. para saciar el hambre, si era el Hijo de Dios. El señor le contestó, recordando un texto del A. T., Dt 8, 3: “No sólo de p. vive el hombre, sino de toda palabra que sale de boca de Dios”, Mt 4, 3; Lc 4, 3-4.
Jesús se designa a sí mismo como el pan de la vida Jn 6, 35; 6, 51, el alimento para alcanzar la vida eterna. En la última Cena, el p. es el símbolo de la comunión de la Iglesia ofrecida en la nueva vida, el p. eucarístico; la Eucaristía realiza la unidad de la Iglesia en Cristo, 1 Co 10, 16 -17.
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