Jericó
ciudad de la luna. Una de las ciudades más antiguas del mundo, en Cisjordania, a unos siete kilómetros al occidente del río Jordán, en el límite septentrional del mar Muerto, a unos 244 metros bajo el nivel del mar, por lo que su clima es tropical. Esta ciudad, a través de su historia, ha sido varias veces destruida y reconstruida. En los comienzos del siglo XX se encontraron unas murallas, cerca de la actual J., que seguramente corresponden a la primera ciudad de la época natufiense, una cultura del mesolítico que se estableció aquí ca. el 9000 a. C.La ciudad es conocida, también, desde las primeras menciones en la Biblia, como “ciudad de las palmeras”, Dt 34, 3; Jc 1, 16; 3, 13; 2 Cro 28, 15. En la conquista de la tierra de Canán, Josué envió desde Sitín dos espías a explorar la ciudad de J., donde los protegió la prostituta Rajab, pues fue notada su presencia en la ciudad; ellos se comprometieron a respetar la vida de esta mujer y la de sus familiares, con tal de que no los denunciara, Jos 2. Tras pasar el Jordán, los israelitas acamparon en Guilgal, al oriente de J., Jos 4, 19; y celebraron la Pascua en los llanos de J., Jos 5, 10. Luego viene la conquista de la ciudad, que estaba amurallada, la cual fue rodeada durante siete días, siete sacerdotes llevaban el Arca y siete trompetas. Al séptimo día le dieron siete vueltas a las murallas, tocaron la trompeta y el pueblo prorrumpió en clamores, el muro cayó y el pueblo se lanzó al asalto. J., entonces, fue consagrada al anatema, sólo Rajab y los de su casa conservaron la vida, según les habían prometido los espías. Josué maldijo la ciudad y al que se atreviera a reconstruirla, Jos 6; 12, 9. J. fue reconstruida unos 500 años más tarde, en el siglo IX a. C., bajo el reinado de Ajab en Israel, por Jiel de Betel, 1 R 16, 34.
En el año 586 a. C. Sedecías, último rey de Judá, fue capturado en J. por los caldeos, cuando huía de la toma de Jerusalén, y fue llevado ante el rey Nabucodonosor II, a Riblá, donde fueron degollados sus hijos en su presencia, y al rey de Judá le sacaron los ojos y fue conducido a Babilonia, 2 R 25, 1-7.
Herodes el Grande gobernador de Judea, llevó a cabo en J. varias obras, pues la hizo su capital de invierno del reino, se reforzó sus murallas, construyó varios palacios, un anfiteatro y otros edificios. Aquí murió este rey.
En J. Jesús llevó a cabo algunos de sus milagros: saliendo de la ciudad les devolvió la vista a dos hombres ciegos, Mt 20, 29-34. Igualmente, aquí le devolvió la vista al mendigo ciego, hijo de Bartimeo, Mc 10, 46-52; Lc 18, 31-34. En J., en su último viaje a Jerusalén, encontró Jesús a Zaqueo, jefe de los publicanos, en cuya casa se hospedó el Señor, Lc 19, 1-10. Jerjes I, rey persa, de la dinastía aqueménida, 486-465 a. C., hijo y sucesor de Darío I, su madre se llamaba Atosa, hija de Ciro II el Grande.
En el 485 a. C. sofocó una rebelión en Egipto y convirtió a este país en satrapía persa. Durante tres años construyó una gran flota y organizó un numerosísimo ejército para castigar a los griegos por ayudar a las ciudades jonias, en el 498 a. C., y por derrotar a los persas en Maratón, en el año 490 a. C. Se dice que Jerjes cruzó el Helesponto mediante un puente hecho de barcas de más de un kilómetro de largo y que abrió un canal en el istmo del monte Athos. En la primavera del año 480 a. C., e iniciándose la segunda Guerra Médica, Jerjes marchó con sus fuerzas a través de Tracia, Tesalia y Lócrida. En el paso de las Termópilas, Leónidas I, rey espartano, y su ejército defendieron el lugar, en el año 480 a. C., retrasando a los persa durante diez días. Posteriormente, Jerjes siguió hacia el Ática e incendió la ciudad de Atenas, ya abandonada por los griegos. Pero, Temístocles, general ateniense, aniquiló la flota de Jerjes, con un número menor de barcos, en la batalla de Salamina. J. se retiró al Asia Menor dejando el ejército en Grecia al mando de su cuñado Mardonio, quien fue derrotado y muerto por los griegos en la batalla de Platea, y los persas abandonaron Grecia. Tras estos fracasos militares, se dieron varios alzamientos en las satrapías persas, así como intrigas en corte, y el rey J. fue asesinado en el año 465, al igual que su hijo mayor Darío, en una revuelta palaciega, Persépolis. Le sucedió en el trono su hijo menor Artajerjes I., 465-424 a. C. J. es identificado con el rey Asuero, transcripción hebrea de J., del libro de Ester. J. I y su hijo Artajerjes I son los dos reyes que se mencionan en Esd 4, 6, cuando la obstrucción samaritana a la reconstrucción del Templo, tras la vuelta del destierro en Babilonia.
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