Jeremías
profeta, hijo de Jilquías, de los sacerdotes de Anatot, ciudad cercana y al nordeste de Jerusalén, en territorio de Benjamín. J. nació unos cien después de Isaías, ca. 650 a. C. Muy joven recibió el llamado de Dios para ser su profeta, en el año 626 a. C., año trece de Josías, rey de Judá, 642-640 a., con lo que se interrumpió el silencio profético que se dio desde que murió Isaías. Ejerció su ministerio antes de la deportación a Babilonia, de suerte que vivió toda la etapa previa a la caída de Judá, bajo los reinados de Josías, Joacaz, 609 a. C.; Yoyaquim, 609-597 a. C.; Joaquín, 598 a. C.; y Sedecías, 598-587 a. C. Igualmente vivió los cambios de Oriente: la irrupción de los caldeos, fundación del Imperio neobabilónico por Nabopolasar. 626-605 a. C.; Nabopolasar y Ciasares, rey medo, destruyen Nínive, en el año 612 a. C.; Nabopolasar rechaza al faraón Nekó, quien pretendió ayudar a los asirios, en el año 609; y en el 606 a. C., acaba con el Imperio Asirio. La caída de J. y la deportación a Babilonia, 587 ó 586 a. C., tras lo cual el profeta J. es llevado a Egipto.
En los inicios de su ministerio J. gozó de prestigio en la corte del rey Josías, y tal vez colaboró en las reformas hechas por este monarca de Judá, tras el hallazgo del libro de la ley. Tras la muerte de Josías a manos del rey egipcio Nekó, en Meguiddó, en el 609 a. C., fue sometido a arresto en su casa, se le prohibió hablar en público, fue arrojado en una cisterna vacía, como calabozo; fue perseguido por sus propios paisanos de Anatot, 11, 18-23; fue considerado traidor y derrotista en los conflictos de Judá con las potencias extranjeras, cuando anunció el hundimiento de Judá, 8, 11-23; 9, 20. J. es el único libro de las Escrituras en el que consta que el autor hizo dos ediciones. En el capítulo 36, se dice que Baruc escribió el dictado que le hizo J., de las palabras que el Señor le había dirigido. Este rollo fue leído ante el rey Yoyaquim, rey de Judá, quien lo rasgó y lo quemó. Pero Baruc, volvió a escribir, de la misma manera que la primera vez, todas las palabras del rollo; y se dice: “e incluso se añadió a aquellas otras muchas por el estilo”, 36, 32.
En J. hay que destacar su propuesta de superar la antigua Alianza mediante una nueva con el Señor, cumbre espiritual del profeta. Ante el fracaso de la antigua Alianza, 31, 32, y el intento vano por restaurarla por parte del rey Josías; después de la catástrofe que sólo dejó un “resto”, como se dice en Is 4, 3, es necesaria una nueva Alianza: “Esta será la nueva Alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días —oráculo de Yahvéh—: pondré mi ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo será su Dios y ellos serán mi pueblo”, 31, 33.
Es decir que la ley deje de ser un mero formulismo, algo puramente exterior, para que llegue al corazón del hombre bajo el influjo del Espíritu de Dios.
El libro de Jeremías está compuesto de las siguientes partes: I. Oráculos sobre Judá y Jerusalén, 1 a 25, 13. II. Introducción a los oráculos contra las naciones, 25, 14-38.
III Profecías de felicidad 26 a 35. IV. Pasión de J., 36 a 46, 1. V. Oráculos contra las naciones 46, 2 a 51. VI. Apéndice. La catástrofe de Jerusalén y la gracia concedida a Joaquín, 52.
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