Hebreos
pueblo formado por tribus de raza semítica. Se dice que provienen de Héber, descendiente de Sem y antepasado de Abraham, Gn 10, 21-24; 11, 14-26; 1 Cro 1, 17-28. En cuanto al término hebreo, todavía se discute su etimología difícil. Algunos creen que se deriva de Héber, nombre que significa “del otro lado”, como también “nómada”, y, precisamente, en Jos 24, 3, se lee “Yo tomé a vuestro padre Abraham del otro lado del Río y le hice recorrer toda la tierra de Canaán”; y es Abraham el primero en las Escrituras llamado “el hebreo”, Gn 14, 13; a José, igualmente, se le denomina así en Egipto, Gn 39, 14 y 17; 41, 12; el mismo José se refiere a su patria como “país de los h.”, Gn 40, 15; cuando la hija del faraón encuentra a Moisés recién nacido, dice; “Es un niño de los h.”, Ex 2, 6; el faraón también se refiere a “las mujeres hebreas”, Ex 1, 16/19/; cuando Moisés y Aarón se presentaron ante el faraón para pedirle que dejara salir al pueblo, le dicen: “Yahvéh, el Dios de los h., se nos ha aparecido”, Ex 3, 18; 5, 3; “Yahvéh, el Dios de los H., me ha enviado”, 7, 16; “Así dice Yahvéh, el Dios de los h.”, 9, 1 y 13; 10, 3. En la monarquía, cuando las guerras de Saúl con los filisteos, éstos llaman h. a los israelitas, 1 S 4, 6 y 9; 13, 19; 14, 11; 29, 3; el mismo rey Saúl llama h. a sus hombres, 1 S 13, 3. En Ex 21, 2, se habla de las normas sobre los esclavos h., y en Jr 34, 9, sobre la manumisión de los mismos. Judit se encontró con los sirios, que le preguntaron quién era, y ella dijo ser “hija de h., Jdt 10, 12; y ella es denominada “mujer hebrea”, Jdt 12, 11; 14, 18. El profeta Jonás se aplica el término a sí mismo: “Soy hebreo y creo en Yahvéh”, Jon 1, 9.
Otros identifican a los h. con los habiru o habiri mencionados en las tablillas cuneiformes de Tell el-Amarna, en Egipto, del segundo milenio a.C., y, aunque las palabras son sinónimas, significan nómada, las tablillas nada dicen sobre la raza de los habiru, por lo que se descarta esta hipótesis.
Los h. es decir “los que van de un lugar a otro”, fueron seminómadas, tribus semitas que emigraron de Mesopotamia hacia Canaán, en el II milenio a. C., aunque otros afirman que son originarias del desierto del Sinaí. Abraham salió de su patria Ur, baja Mesopotamia, hacia Jarán, noroeste de Mesopotamia; de aquí se dirigió a Canaán; bajó a Egipto, de donde volvió al Négueb. Hubo una migración de h. hacia Egipto cuando los hicsos, de origen semítico, se tomaron este país, en el cual prosperaron.
Expulsados los hicsos los h. fueron esclavizados por el faraón Ramsés II, 1290-1224 a. C. Moisés liberó a los h. y los condujo por el desierto hacia la Tierra Prometida, Canaán, la cual conquistaron con el sucesor de Moisés, Josué, en donde se establecieron hasta adquirir la unidad nacional bajo elsistema monárquico. Hebreo, en términos generales, no se refiere a los orígenes étnicos del pueblo israelita, puesto que como ya se dijo, significa varias tribus de origen semita y, por otra parte, en las mismas Escrituras se afirma la mezcla de sangres, como en todos los pueblos. La uniones hebreas con gentes de otros pueblos, eran corrientes: Abraham se unió a Agar, esclava egipcia de Sara, y tuvieron a Ismael, Gn 16, 3; Isaac tomó por mujer a Rebeca, hija de Betuel el arameo, Gn 25, 20; Jacob tomó a Raquel, hija de Labán, también arameo, Gn 28 y 29; José tomó como su mujer a la egipcia Asnat, hija de Poti Fera, sacerdote de On, la que le dio dos hijos, Manasés y Efraím, Gn 41, 50-53. Moisés tomó por mujer a una madianita, Séfora, quien le parió dos hijos, Guersón y Eliezer, Ex 2, 21; 18, 2-4. Un texto significativo sobre los h., está en lo que se debía decir ante Yahvéh al ofrecer las primicias: “Mi padre era un arameo errante, y bajó a Egipto y residió allí siendo unos pocos hombres, pero se hizo una nación grande, fuerte y numerosa. Los egipcios nos maltrataron, nos oprimieron y nos impusieron dura servidumbre. Nosotros clamamos a Yahvéh, Dios de nuestros padres, y Yahvéh escuchó nuestra voz; vio nuestra miseria, nuestras penalidades y nuestra opresión, y Yahvéh nos sacó de Egipto con mano fuerte y brazo extendido, con gran terror, con señales y con prodigios. Y nos trajo a este lugar y nos dio esta tierra, tierra que mana leche y miel”, Dt 26, 5-9. Además, a la salida de Egipto una muchedumbre de gente se unió a los h., Ex 12, 38; lo mismo que durante la travesía por el desierto, Nm 11, 4; un blasfemo, que fue lapidado en el desierto, era hijo de madre hebrea y padre egipcio, Lv 24, 10.
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