Guerra
lucha armada entre naciones, pueblos o partidos. Israel desde los orígenes de su historia debió librar muchas luchas, muchas guerras. En la historia bélica de este pueblo tiene la mayor importancia la promesa de Yahvéh a Abraham de darle a su descendencia la tierra de Canaán, Gn 12, 7; Tierra Prometida habitada por otros pueblos y que era necesario conquistar: “Voy a dar a tu descendencia esta tierra, desde el río de Egipto hasta el Río Grande, el río Éufrates: los quenitas, quenizitas, cadmonitas, hititas, perizitas, refaítas, amorreos, cananeos, guirgasitas y jebuseos”, Gn 15, 18-21. La Tierra Prometida, por otra parte, estaba en un punto estratégico de paso entre las regiones bajo la influencia de Mesopotamia y Egipto, lo que implicaba frecuentes conflictos bélicos. El israelita era un pueblo pequeño, no contó con un ejército organizado hasta la época de la monarquía, lo que lo hacía vulnerable a las embestidas de los ejércitos mejor armados y entrenados de los grandes imperios de su tiempo. Siendo Israel al pueblo escogido por Yahvéh, apartado de las demás naciones, con una Tierra Prometida que debe conquistar, es descrito, en la travesía del desierto tras salir de la esclavitud en Egipto, como un ejército en marcha; se hizo el censo en el desierto del Sinaí de todos los hombres de veinte años para arriba, aptos para la g., por cuerpos de ejército; acampaban cada uno bajo su bandera alrededor de la Tienda del Encuentro; se hicieron trompetas de plata para dar las señales de movilización, Nm 1; 2; 10; 26. La g. para los israelitas tenía un carácter religioso, Yahvéh intervenía directamente en favor de su pueblo, Dt 20; “Yahvéh tu Dios pasea por el campamento para protegerte y entregar en tu mano a tus enemigos. Por eso tu campamento debe ser una cosa sagrada”, Dt 23, 15; el combatiente en g., por tanto, estaba en presencia de Yahvéh, debía purificarse y la continencia era una ley de g.: Dt 23, 10-11; “Purificaos, porque mañana Yahvéh va a obrar maravillas en medio de vosotros”, Jos 3, 5; 1 S 21, 6; 2 S 11, 11.
Cuando el faraón perseguía a los israelitas antes del paso del mar Rojo, Moisés les dice: “Yahvéh peleará por vosotros”, Ex 14, 14. Cuando los israelitas fueron atacados por los amalecitas, dijo Moisés: “Yahvéh está en guerra con Amalec, de generación en generación”, Ex 17, 16; “Que se armen algunos de vosotros para la guerra de Yahvéh contra Madián”, Nm 31, 3, le dice Yahvéh a Moisés; y le da las leyes que deben seguirse para la purificación y el reparto del botín, parte del cual debe reservarse para Yahvéh, Nm 31, 21-47. En Nm 21, 14, se cita lo que debió ser una compilación de cantos épicos, perdida, el libro de las Guerras de Yahvéh, expresión que usa Saúl cuando le promete a David darle a su hija como esposa, con tal que sea valeroso en “las batallas de Yahvéh”, 1 S 18, 17. Además, encontramos en las Escrituras cantos épicos, de victoria, de acción de gracias por la intervención de Yahvéh en favor de su pueblo, como el de Moisés por la salvación milagrosa que obró Dios en favor de Israel cuando lo libró del ejército del faraón al salir del cautiverio en Egipto, así como las maravillas que hizo durante el éxodo, Ex 15; el Cántico de Débora, tras la victoria sobre los cananeos, en el que se celebra la g. que Yahvéh hace a los enemigos de su pueblo, que son también sus enemigos, Jc 5; el Salmo 18 (17), canto de victoria y acción de gracias de David a Yahvéh, por librarlo de sus enemigos; el Salmo 68 (67), sobre la epopeya del pueblo de Dios. Sin embargo, en muchas ocasiones, Yahvéh movía a g. a otras naciones contra Israel a causa de las infidelidades del pueblo, como castigo, Dt 28, 47-57; Is 29, 7; Jr 6, 4; 21, 5; 34, 22.
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