Estrella
latín stella. Las estrellas, los luceros, fueron creadas y puestas por Dios en el firmamento celeste para alumbrar la tierra, Gn 1, 16-18; Sal 8, 4; 136 (135), 9; Jr 31, 35; las cuales son innumerables, Gn 15, 5; 26, 4; Ex 32, 13; Dt 1, 10; 10, 22. En la antigüedad hubo pueblos avanzados en cuestiones astronómicas, como los egipcios, los caldeos, los fenicios, por encima del pueblo israelita; sin embargo, cayeron en la idolatría de los astros y las estrellas, los divinizaron, sobre lo cual se previene a los israelitas, Dt 4, 19; los astrólogos, mediante su observación, pronosticaban el futuro, Is 47, 13; estas creencias influyeron en los israelitas, razón por la cual estas prácticas fueron prohibidas por la Ley y los Profetas, Dt 17, 3; 2 R 17, 16; 21, 3; 23, 4-5; Jr 8, 2; 10, 2; 19, 13; Am 5, 26; So 1, 5; Hch 7, 42-43.
En sentido figurado se llama e., lucero, a un rey, a un personaje, al Mesías, a Cristo, Nm 24, 17; Is 14, 12; 2 P 1, 19; Ap 22, 16; en el Apocalipsis, el apóstol Juan llama a los ángeles de las siete iglesias de Asia Menor, estrellas, Ap 1, 16-20; 2, 1; 3, 1; estrellas caídas, a los ángeles caídos, Ap 8, 10; 9, 1; 12, 4. E. de Belén, según Mt 2, 1-12, la que vieron salir en Oriente los reyes Magos y que los guió y se detuvo en Belén, en el sitio donde nació el nuevo rey de los judíos, a quien adoraron. Sobre esta e. se han hecho muchas especulaciones y conjeturas, las cuales no coinciden ni con la historia ni con la cronología, por lo que muchos piensan en un verdadero milagro, anunciado en las Escrituras, como se lee en Nm 24, 17, “de Jacob avanza una e., un cetro surge de Israel”.
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