Esperanza
virtud teologal. En el A. T., Yahvéh es la e. de los israelitas, de los que guardan sus mandamientos y lo aman, cuya garantía es la Alianza, Jr 14, 8, el cual no defrauda, Jr 17, 7; Sal 9, 19. En el N. T., la e. de los fieles es Cristo., por eso su Precursor Juan Bautista invitaba a la conversión: “Convertíos, porque el Reino de los Cielos ha llegado”, Mt 3, 2; y Jesús comenzó su predicación con esta mismo mensaje, Mt 4, 17; Mac 1, 15; Lc 4, 43. La e. y el amor de Dios son las bases del mensaje paulino, Rm 5, 5; Tm 1, 1; y el Apóstol dice que “nuestra salvación es en e.”, pero es una e. que no se ve, por lo que es necesario esperar con paciencia, es decir, que nuestros ojos deben estar puestos en las cosas invisibles, que son eternas y no en las visibles, efímeras, Rm 8, 24-25; 2 Co 4, 18. La e., la promesa, que antes estaba reservada al pueblo escogido, Israel, ahora, con Cristo, es para todos los hombres, pues él es la realización de la e. mesiánica anunciada en el A. T., Ef 2, 12. Esa e. es la expectativa de poseer los bienes del reino de Dios, pues somos “herederos de Dios y coherederos con Cristo”, Rm 8, 17. Por todo esto, el apóstol Pablo dice que nuestra e. es la resurrección de Cristo, por lo que no se debe permanecer en ignorancia respecto a los difuntos, pues si creemos que Jesús resucitó, de la misma manera resucitarán quienes mueran en Jesús, 1 Ts 4, 13; esto es lo que diferencia al cristiano de los demás, que viven en la desesperanza.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.