Espejo
latín speculum. Superficie lisa y pulida en que se reflejan los objetos. El primer e. del hombre, seguramente, fue el agua, Pr 27, 19. En las Escrituras se mencionan los espejos de metal, como los de bronce, de las mujeres que servían a la entrada de la Tienda del Encuentro, con los que se hicieron la pila y la basa del Santuario, Ex 38, 8. Isaías habla de los espejos, entre los objetos propios de la vanidad de las mujeres de Jerusalén, Is 3, 33. En sentido figurado, se dice que el firmamento es duro como un e. de metal fundido, Jb 37, 18; hay que desconfiar del enemigo, así se haga el humilde, pues su maldad es bronce que se mancha. Hay que tratarlo como quien pule el e. hasta hacer desaparecer la herrumbre, Si 12, 11. El e., como el sueño, es engañoso, Si 34, 3. El apóstol Pablo dice que en la tierra vemos la gloria de Dios, como en un e., después, en el cielo lo veremos cara a cara, 1 Co 13, 12; 2 Co 3, 18.
Santiago dice que quien oye la palabra de Dios y no la pone en práctica es como el que se mira en el e., da media vuelta y se olvida de lo que vio, St 1, 22-25.
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