Enfermedad
latín infirmitas. Cualquier alteración de la salud. La e., en las Sagradas Escrituras, es considerada desde un punto religioso, no médico. Las alteraciones de la salud eran tenidas como consecuencia de las violaciones a los mandamientos, preceptos divinos, al pecado, como castigo a esas faltas, el cual podía ser individual o colectivo, como en las maldiciones del segundo discurso de Moisés al pueblo, donde se mencionan como castigo por la infidelidad a Yahvéh, la peste, la tisis, la fiebre, la inflamación, la gangrena, Dt 28, 21-22. Si Dios mandaba la e., también él podía sanar al enfermo, como se lee en el Cántico de Moisés, “Yo doy la muerte y doy la vida, hiero yo, y sano yo mismo (y no hay quien libre de mi mano)”, Dt 32, 39; así lo dice también el profeta de Egipto, Is 19, 22. A través de la Biblia, encontramos la mención de problemas de salud, algunos de los cuales con la muerte como consecuencia: Raquel, mujer de Jacob, murió por complicaciones en el parto de su hijo Benjamín, Gn 35, 16-18. La lepra era tenida como e. contagiosa, y quien la sufriera debía ser apartado de la comunidad, como medida sanitaria, y tenido por impuro, Lv 13, 45-46; otras novedades, como las manchas, los diviesos o abscesos, afecciones del cuero cabelludo, caída del cabello, que debían ser examinadas por el sacerdote para determinar la impureza o si se trataba de lepra, Lv 13, 1-44.
Enfermedades de carácter sexual como el flujo seminal y la blenorragia, así como la regla en la mujer, las cuales producían impureza en quien las padeciera, la cual se extendía a los objetos con que tuviera contacto y a quien tuvieran comercio sexual con esa persona, para cuya purificación se exigían los baños, además de los sacrificios, Lv 15. Cuando los filisteos capturaron el Arca, hubo una invasión de ratas que, posiblemente, portaban los gérmenes causantes de los tumores que empezaron a sufrir aquéllos, lo cual fue tomado como castigo de Yahvéh y el Arca fue devuelta, 1 S 5; 6; Sal 78 (77), 66. Incluso se habla de problemas de índole mental en la Biblia, como el caso que le sucedió al rey Saúl, a quien un espíritu malo lo perturbaba y se aliviaba con la música que David le tocaba en la cítara, 1 S 16, 14-23.
En el N. T. se mencionan diversas enfermedades, y muchos de los que las padecían fueron sanados por Cristo y sus discípulos: la parálisis, Mt 8, 6; 9, 2; Mc 2, 3; Lc 5, 18; Hch 9, 33; la ceguera, Mt 12, 22; Mc 8, 22; 10, 46; Lc 18, 35; Jn 9, 1; la sordera, Mc 7, 32.
La enfermedad es tomada como una prueba que Dios les pone a los hombres, al justo, como en el caso del santo Job. En época de Jesús aún se considera la enfermedad como resultado del pecado, tal sucedió cuando le presentaron un ciego de nacimiento y los discípulos le preguntaron si el pecado era del enfermo o de sus padres, a lo que Cristo respondió: “Ni él pecó ni sus padres; es para que se manifiesten en él las obras de Dios”, Jn 9-3; 11, 4.
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