Enemigo
latín inimicus. Contrario, adversario. Nación armada con quien se está en guerra. Los egipcios, que oprimieron a Israel, y los pueblos que tuvieron que vencer para conquistar la Tierra Prometida son los enemigos de los Israelitas y, por tanto, de Dios. Refiriéndose a la salvación milagrosa al salir de Egipto, Moisés, en el Canto triunfal, dice. “Tu diestra, Yahvéh, aplasta al enemigo”, Ex 15, 6 y 9-10. Yahvéh le dice al pueblo israelita que si cumple sus leyes y preceptos, “tus enemigos serán mis enemigos y tus adversarios mis adversarios”, Ex 23, 22; de lo contrario, serán entregados a sus enemigos, Lv 26, 25; Dt 28, 47-68; en este sentido suplica Salomón a Yahvéh el perdón por el pueblo infiel arrepentido, 1 R 8, 33-34 y 46; 2 Cro 6, 24-25. Entre los profetas se encuentra varias veces a Yahvéh como e. del pueblo de Israel, por sus infidelidades, Is 63, 10; Jr 12, 7; 30, 14; 44, 30; Lm 2, 4 y 7; 4, 12. Pero a pesar de que Dios castiga el pecado de su pueblo enviando contra él a sus enemigos, Os 8, 3; así mismo les promete la restauración, Ba 4, 25-37; 5, 6; Ez 36, 1-38. Cuando Saúl, en la última guerra del soberano contra los filisteos, consultó a la pitonisa de Endor, ésta le evocó al Samuel, y el profeta le dijo: “Yahvéh se ha apartado de ti y se ha convertido en tu e.”, 1 S 28, 16; pues Saúl en la guerra santa contra los amalecitas, le perdonó la vida al rey Agag, habiéndole ordenado Yahvéh exterminarlo todo, consagrarlo al anatema, por ser enemigos de Israel y no haberle permitido el paso por su territorio cuando subía de Egipto, 1 S 15, 1-15.
En el N. T. este lenguaje fuerte sobre los enemigos cambia, pues Jesús predica una nueva doctrina, la del amor a los semejantes, incluidos los enemigos, Mt 5, 44; Lc 6, 27; el mismo Jesús, antes de morir en la cruz, ruega por sus enemigos: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”, Lc 23, 34; siguiendo este ejemplo del Señor, Esteban rogó a Dios por quienes lo martirizaron, Hch 7, 60. Por esto dice el Apóstol, en la epístola a los Romanos, que nadie debe tomar justicia por su mano, pues esto está reservado a Dios, Rm 12, 14-21. Pablo llamó a Elimas, el mago, que se le oponía en la predicación de la Palabra, “hijo del diablo, e. de toda justicia”, Hch 13, 10. El verdadero enemigo del hombre es el diablo, Ef 6, 11-12; “quien desee ser amigo del mundo se constituye en e. de Dios”, St 4, 4-10.
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