Cuerpo
Yahvéh creó al ser humano, a imagen y semejanza suya, Gn 1, 26-27; lo formó con polvo del suelo y le insufló aliento de vida, Gn 2, 7. En hebreo no existe un término para significar cuerpo, como lo entendemos nosotros, en el A. T. encontramos la palabra basar, ® carne, para indicar el c., lo visible del hombre, lo perecedero del hombre, como en Nm 8, 7; 1 R 21, 27; de ahí la expresión “toda carne”, para indicar al género humano, Gn 6, 12; Is 40, 6. Ya en el N. T. sí hay una palabra para designar c., sôma, término griego, Lc 11, 34-36; Rm 4, 19; y sarx, igualmente griego, carne, Rm 7, 5; 1 Co 15, 39. En el A. T., basar significa el c. animado, no se le puede aplicar al cuerpo muerto, al cadáver, mientras en el N. T., sí se usa con este significado sôma, Mc 15, 43-45. Jesús, al instituir la Eucaristía, nos dejó bajo las sagradas especies del pan y el vino, su c. y su sangre, Mt 26, 26-27; Mc 14, 22-25; Lc 22, 19-20; 1 Co 11, 24-25. El c. humano, compuesto de varios miembros todos importantes, interdependientes, cada uno de los cuales desempeña su función, le sirve a San Pablo como imagen de la Iglesia, cuya cabeza es Cristo, Rm 12, 3-8; 1 Co 12, 12-30; Ef 1, 22-23.
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