Cos
isla situada al sureste de Grecia, en el mar Egeo, frente a la costa oriental del Asia Menor, cerca de la costa de Turquía. Es la segunda en tamaño del grupo de islas griegas llamado Dodecanesus, con 40 kilómetros de longitud y 8 de anchura, y 287 kilómetros cuadrados de extensión.
El cónsul romano Lucio Cecilio Metelo Calvo, año 142 a. C., envió una carta a los habitantes de C., para que trataran amistosamente a los judíos, tras la promulgación de la alianza entre éstos y los romanos, en época de los Macabeos, 1 M 15, 22-24. El apóstol Pablo navegó hacia la isla de C. en su tercer viaje misional, cuando iba de vuelta a la ciudad de Jerusalén, Hch 21, 1. Cosecha, recolección de los frutos de la tierra. José hizo un reforma agraria en Egipto, según la cual, como las tierras pertenecían al faraón, se les daba a los agricultores la semilla para sembrar, y debían entregar una quinta parte de la c. a la corona, y el resto para subsistencia de los campesinos, Gn 47, 23-24; este sistema se adoptó entre los israelitas en tiempos del rey Salomón, cuando el reino se extendió. Entre los israelitas, según la Ley, la tierra tenía su año sabático, esto es, se cultivaba y se recogía la c., durante seis años, pero el séptimo debía dársele descanso, para que comieran los pobres y los animales del campo, Ex 22, 28; 23, 10-11. De la c., se debían estregar las primicias a Yahvéh, que servían para el sostenimiento del culto y de los sacerdotes, ya que éstos no recibieron heredad, tierra, pues la suya era Yahvéh, Ex 23, 19; Lv 2, 14; 23, 9; Dt 14, 28; 18, 4; 26, 1 y 10; 2 Cro 31, 5; Ne 10, 36; 12, 44; Tb 1, 6; Jdt 11, 13; Pr 3, 9; Si 45, 20; Jr 2, 3; Ez 44, 30. Los israelitas tenían la obligación de celebrar con solemnidad las ® fiestas agrícolas, que tenían que ver con la siega y c. del trigo, con la recolección de los frutos del campo, Ex 33, 14-16.
El término c. se emplea figuradamente en varios lugares de las Escrituras.
Se recoge lo que se siembra Sal 58 (57), 12; Pr 11, 18; 22, 8; Os 10, 1213; 2 Co 9, 6; Ga 6, 7-9. La c. de la sabiduría es más valiosa que la plata, Pr 8, 19. Se designa con esta palabra, también, las consecuencias de los actos y de la vida de los hombres, Ga 6, 8; y 2 Co 9, 6.
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