Copa
latín cuppa. Vaso para beber, formado por un cuenco redondo y un pie. Desde la antigüedad se emplean diferentes materiales y formas para su confección, desde la arcilla, 2 S 17, 28; hasta los metales preciosos, la c. de José era de plata, Gn 44, 2. De oro, las copas del rey Salomón, 1 R 10, 21; 2 Cro 9, 20. De oro y plata, las del Templo, Ex 25, 29; 37, 16; 1 R 7, 50;1 Cro 28, 17; 2 Cro 4, 22; Esd 1, 10; 8, 27; 1 M 1, 22. En sentido figurado, la c. designa el fin de los malvados, Sal 11 (10), 6; 75 (74), 9; o el destino favorable de los fieles a Yahvéh, Sal (15), 5; 23 (22), 5. En acción de gracias a Yahvéh, se alza la c. de salvación, rito judío y cristiano, Sal 116 (114-115), 13; 1 Co 10, 6. En los profetas es común la expresión la c., el cáliz de la ira divina, Is 51, 17; Jr 25, 15-17; 49, 12; Lm 4, 21; Ez 23, 31-34; Ha 2, 16; Ap 16.
Jesús habla de la c. que ha de beber la pasión, Mt 20, 22; Jn 18, 11; y les dice a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que también la beberán, Mt 20, 23; Mc 10, 38-39; y ambos fueron mártires. Jesús cuando instituyó la Eucaristía, en la última cena, tomó la c. de vino y pronunció las palabras “Ésta es mi sangre...”, Mt 24, 27-28; Mc 14, 23-24; Lc 22, 17-18; 1 Co 11, 25-27; rito éste que se repite en la santa misa diariamente. Ya en el huerto de los Olivos, Jesús le pide al Padre que aparte de él esa c., sin embargo le pide que se haga su voluntad, Mt 26, 39; Mc 14, 36; Lc 22, 42.
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