Conversión
latín conversio, vuelta, cambio. Cuando el hombre o el pueblo de Israel se aparta de Yahvéh, es decir, peca, y vuelve de nuevo a él, el camino que le ha trazado, se habla, entonces, de c. En la Escritura se habla de c. colectiva, de la comunidad, Dt 30, 2; Josué reunió a las tribus en Siquem, en donde en acto público la comunidad se convirtió a Yahvéh, tras lo cual se hizo un monumento conmemorativo, Jos 24. El rey y los habitantes de la ciudad de Nínive se convirtieron a Yahvéh, hicieron penitencia, ayunaron, y se vistieron de saco, Jn 3, 1-9; así como de la individual, tal la c. de Manasés, 2 Cro 33, 12-13; la de Heliodoro, 2M 3, 35-36. Es tema central en las predicaciones de los profetas, Is 30, 15; 59, 20; en Jr 18, 8 encontramos la expresión volver atrás, para significar la c.; Oseas llama a Israel a volver a Dios, Os 14, 2-3; Sofonías llama a los sin vergüenza a convertirse antes de ser aventados como el tamo, So 2, 1-2; 3, 9-10; en Za 1, 1-6, Yahvéh, por su profeta, le dice al pueblo que se vuelva a él, y entonces el Señor volverá a su pueblo, y les pide no ser tercos como sus antepasados. En Ez 33, 11, se dice que Dios no quiere la muerte del malvado sino que se convierta y viva.
En el N. T. el Precursor Juan Bautista pide a los fariseos y saduceos frutos de c., pues no basta ante el Señor decir “tenemos por padre a Abraham”, Mt 3, 8; así mismo predicaba un bautismo de c. para la remisión de los pecados Mc 1, 4; Lc 3, 3. Se menciona un sólo caso de c., el de Pedro, Lc 22, 32. Jesús nos exige la c., Mc 1, 15; a la vez que se alegra cuando un pecador se convierte, Lc 15, 7; y envió a sus discípulos al mundo a anunciar a todas las naciones la c., Lc 24, 47.
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