Chivo
macho de cabrío, cabrón. Para la dedicación del altar, los príncipes de Israel ofrecieron doce chivos para el sacrificio por el pecado, uno cada día, Nm 7. En el gran día de la Expiación, se presentaban dos machos cabríos, sobre los que echaba la suerte, uno para Yahvéh, que se sacrificaba por el pecado; el otro para Azazel, en cuya cabeza se ponían los pecados del pueblo delante de Yahvéh para hacer la expiación, y que era soltado vivo en el desierto, éste es el llamado ch. expiatorio, Lv 16, 7 10 y 20-22.
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