Censo
latín census. Padrón que se hace de las personas de un pueblo o de sus bienes. Los antiguos acostumbraban hacer estos censos. El primer c. de Israel se hizo para recaudar el tributo para la Tienda del Encuentro, en el Sinaí, Ex 30, 11-16; 38, 25-26. Antes de partir del Sinaí, se hizo un c. de los aptos para la guerra, de veinte años para arriba, para lo cual se nombró un representante de cada tribu como ayudantes de Moisés y Aarón, Nm 1, 1-19. Este conteo dio un total de 603.550 hombres, Nm 1, 46. Los levitas, esta vez no fueron censados, pues estaban al servicio de la Morada del Testimonio, Nm 1, 47-54; éstos fueron censados aparte, los de un mes para arriba, y sumaron 22.000, Nm 3, 14-39. El conteo de los primogénitos de Israel, de un mes arriba, dio 22.273, Nm 3, 42-43. Antes de entrar en Canaán, Moisés y Elezar, hijo de Aarón, llevaron a cabo otro recuento de los hombres de veinte años para arriba, aptos para la guerra, el cual se emplearía para la repartición del territorio, Nm 26. Este conteo dio 601.730, y el total de los que atravesaron el desierto fue de 2’500.000. De los censados en el Sinaí, todos murieron en el desierto, sólo Josué y Caleb quedaron, de acuerdo con lo dicho por Yahvéh, Nm 14, 30-31. El c. era tenido por un acto de impiedad, pues sólo Yahvéh tiene el “libro” donde están escritos los nombres de los que deben vivir o morir, Ex 32, 32-33; sin embargo, el rey David ordenó a Joab, jefe del ejército, hacer el empadronamiento para saber la cifra de la población. El resultado del conteo fue de 800.000 hombres de guerra en Israel y 500.000 en Judá, en total 1’300.000 hombres, 2 S 24, 1-10; 1 Cro 20, 1-6. David confesó y se arrepintió de esta falta; pero Yahvéh lo castigó, le envió al profeta Gad para que le propusiera tres cosas, de las que el rey debía escoger una: tres años de hambruna en el país, tres meses de derrotas militares o tres días de peste. David se fue por la última, y murieron setenta mil hombres en el país, 2 S 24, 10-17; 1 Cro 20, 7-17. En Samuel se dice que el c. fue incitado por la ira de Yahvéh, mientras el cronista dice que fue Satán; las cifras totales también varían en los dos escritos, exageradas en ambos. En el N. T., se menciona el empadronamiento que ordenó el emperador romano César Augusto, para el cual José y María fueron de Nazaret a Belén, estando ella encinta, donde nació Jesús, Lc 2, 1-7.
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