Camello
latín camelus. Mamífero artiodáctilo rumiante de la familia de los camélidos. Existen dos tipos de c., el dromedario (del griego dromos, carrera), Camelus dromedarius, denominado c. de Arabia, que tiene una sola joroba, propio de Arabia y el norte de África; y el c. bactriano, Camelus bactrianus, de dos jorobas, originario del Asia Central. Ambos tienen características comunes, que los hacen fuertes para el trabajo y aptos para las largas travesías por el desierto: las jorobas de tejido fibroso y adiposo son una reserva para cuando falta el alimento; el estómago, formado por tres cámaras, puede acumular gran cantidad de agua, que les permite subsistir varios días sin beber. Las plantas de sus patas poseen una excrecencia callosa que comprende los dos dedos, lo que les facilita andar firmemente en cualquier terreno, especialmente en la arena sin enterrarse. Al dromedario, como se lee en Is 60, 6 y 66, 20, se refieren los textos bíblicos, muy adaptado al desierto, puesto que cuenta, asimismo, con pestañas largas y orificios nasales que puede cerrar completamente y lo protegen de los vientos con arena. El c. está clasificado en la Escritura como animal impuro Lv 11, 4; Dt 14, 7. Es muy antigua la domesticación del c. lo mismo que su uso para el transporte de personas, pues se le puede colocar la albarda, es decir, ensillarlo, Gn 24, 62-65; 31, 17; 31-34; Tb 9, 1-6; como bestia de carga de carga Gn 24, 10; 1 Cro 12, 41; Jdt 2, 17; y el comercio entre los pueblos, eran comunes las caravanas de mercaderes en los caminos y en el desierto, Gn 37, 25s. El c. se empleaba como animal de guerra Jc 6, 5; 7, 12; 1 S 30, 17; igualmente constituía, junto con otros animales, parte del botín 1 S 27, 9; 1 Cro 5, 21; 2 Cro 14, 14; Jr 49, 29 y 32. Un episodio significativo del empleo del c., lo constituye la visita de la reina de Sabá al rey Salomón, la cual llegó a Jerusalén con camellos cargados de aromas, oro y piedras preciosas, 1 R 10, 1-2; 2 Cro 9, 1. Cuando Jazael de Damasco fue al encuentro de Eliseo, llevaba cuarenta camellos cargados de regalos, por orden de Ben Hadad, rey de Aram, para consultarle sobre la salud del rey, 2 R 8, 9.
Cuando Tobías se casó con Sarra hija de Ragüel, éste le dio la mitad de sus bienes, entre ellos, camellos, Tb 10, 8-12. Poseer muchos camellos era signo de riqueza y prosperidad, así como bendición de Dios, Gn 12, 16; 24, 35; Jacob medró mucho al lado de su suegro Labán y tuvo camellos entre sus ganados Gn 30, 43; 31, 17; los camellos eran parte de la riqueza de los reyes, David puso a Obil, ismaelita, para que le cuidara sus camellos 1 Cro 27, 30; Job, el hombre más rico de Oriente, poseía tres mil camellos, los cuales le fueron robados por los caldeos, Jb 1, 1-3 y 17; cuando Yahvéh restauró a Job, después de haberlo probado en su virtud, llegó a tener seis mil camellos Jb 42, 12. A estos animales se les ponía riendas, cadenas, lunetas, collares, Jc 8, 21 y 26. Los que volvieron del destierro en Babilonia con Zorobabel tenía 435 camellos, entre sus ganados, Esd 2, 66; Ne 7, 68. En el N. T., las menciones a este animal son escasas. De Juan Bautista se dice que su vestido estaba hecho de pelos de camello Mt 3, 4; Mc 1, 6. De manera figurada, Cristo dice que “es más fácil que un c. entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos” Mt 19, 24; Mc 10, 25; Lc 18, 25. Cristo les enrostra la hipocresía a los escribas y fariseos, cuando les dice: “¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el c.!” Mt 23, 24.
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