Bronce
cualquiera de las aleaciones compuestas, sobre todo, de cobre y estaño. Muy estimado desde antiguo por su dureza y resistencia. La primera referencia bíblica sobre el trabajo de los metales, la encontramos en Gn 4, 22, según la cual, un descendiente de Caín, Túbal Caín, era el padre de todos los forjadores.
Cuando los israelitas caminaban por el desierto hablaron mal de Dios y de Moisés, y el Señor los castigó con serpientes abrasadoras. Moisés, entonces, hizo una ® serpiente de b., y a quien era mordido por una abrasadora, le bastaba mirar la de b. para no morir, Nm 21, 8-9. Ezequías, rey de Judá, 716-687 a.C., destruyó la serpiente de b. hecha por Moisés, llamada Nejustán, de nejoset, b., y najas, serpiente; pues los israelitas le quemaban incienso, 2 R 18; 4. En las montañas de la Tierra Prometida, abunda el b. Dt 8, 9.
Para la construcción del Santuario Yahvéh dijo a Moisés que pidiera a los israelitas que reservaran ofrendas, bronce, entre los metales, Ex 25, 3; 35, 5 y 24. Con este b. se confeccionaron broches, anillas, ganchos, basas, la clavazón; el altar de los holocaustos, que era de madera, se revistió de b., lo mismo los varales para transportarlo, y todos los utensilios para los sacrificios, ceniceros, badiles, acetres, tenedores, braceros, todos fundidos de b., así como la pila de las abluciones, Ex 26, 11 y 37; 27, 1-19; 30, 17; 36, 18 y 38; 38, 1-31; 39, 39. Los artífices designados para el Santuario fueron Besalel, de Judá, para las labores en metales, como el b., y como colaborador a Oholiab, de Dan, Ex 31, 1-6; 35, 30-34.
Para la construcción de la Casa de Yahvéh el rey Salomón buscó a Jirán, broncista originario de Tiro, quien llevó a cabo todos los trabajos en dicho metal, 1 R 7, 13-14.
El b. se usó para fabricar vasijas para cocer los alimentos Lv 6, 21; cadenas Jc 16, 21; 2 R 25, 7; 2 Cro 33, 11; 36, 6; armas de guerra 1 S 17, 5-6 y 38; 1 R 14, 27; 2 Cro 12, 10; cerrojos 1 R 4, 13; instrumentos musicales 1 Cro 15, 19; los idólatras hacían dioses de b. Dn 5, 4 y 23; 14, 7 y 24; Ap 9, 20.
Literariamente el término b. se usa en comparaciones. Yahvéh dice a su pueblo que volverá la tierra como el b. y los cielos como el hierro, si no obedece, Lv 26, 19; en Dt 28, 23, se emplea la figura al contrario, el cielo de b.; en otros sitios de la Escritura, como símbolo de la fuerza bruta, que sólo Dios puede controlar, behemot, la bestia de que habla Job, cuyos huesos son como tubos de b., Jb 40, 18; de la terquedad y dureza del pueblo de Israel, Is 48, 4.
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