Árbol
en las culturas antiguas, el a. hace parte de las mitologías, de las leyendas, su imagen se emplea en sentido metafórico, como símbolo, en comparaciones literarias, algunos pueblos lo consideran sagrado. En la biblia el árbol, en sus distintas especies, es mencionado profusamente. En la narración de la creación del hombre, se dice que Yahvéh plantó un jardín en Edén e hizo brotar en él toda clase árboles para comer Gn 2, 810, y en medio de él el “á. de la vida”, símbolo de la inmortalidad.
También el “á. de la ciencia del bien y del mal”, es decir, que Dios le da al hombre la libertad y el discernimiento para actuar, pero la tentación de hacerse como Dios, representada en la serpiente, hace que el hombre cometa el pecado de orgullo, simbolizado en el acto de comer del fruto prohibido, lo cual implica la expulsión del Edén y el rompimiento de la armonía del hombre con la naturaleza y con Dios.
En el Deuteronomio se dice, 20, 19, que cuando haya necesidad de combatir contra una ciudad, no se deben talar los árboles frutales, pues son necesarios para el sustento del hombre, los demás, que no dan fruto, se pueden emplear para la guerra.
En los tiempos bíblicos encontramos algunos procedimientos usados a fin de conseguir una mejor producción de los árboles, los cuales son empleados como imágenes literarias; se cortan los árboles viejos para que de sus raíces retoñen vástagos nuevos Jb 14, 7-8; anunciando la era mesiánica, Isaías dice que brotará un vástago del tronco de Jesé 11, 1.
Al pie de un árbol se enterraba a los difuntos como sucedió con Débora, nodriza de Rebeca, la mujer de Isaac, cuando murió y fue sepultada junto a una encina, cerca de Betel, la cual fue llamada por esto “Encina del Llanto” Gn 35, 8. Bajo un á. se congrega al pueblo para hacer justicia, como lo hacía la profetisa Débora bajo una palmera Jc 4, 5; también Saúl, al pie de un tamarisco, en Guibeá, juzga a los seguidores de David 1 S 22, 6. Cuando el pueblo de Israel juró servir a Yahvéh, Josué plantó una piedra al pie de la encina del santuario de Yahvéh en Siquem, como testigo del juramento, Jos 24, 26; junto al terebinto, se dice en Jc 9, 6.
De manera de comparación se usa el término á, el que fía en Yahvéh, es como á. sembrado a la orilla de una corriente de agua Jr 17, 7 ; los infieles a Yahvéh serán arrojados al fuego como el leño de la vid Ez 15 2, ss; los falsos profetas se conocen, como los árboles, por el fruto que dan Mt 7, 17-19; los falsos doctores, dice Judas 12, son como árboles de otoño, sin fruto; quien no permanece en Cristo, será arrojado al fuego, como el sarmiento seco Jn 15, 6.
Uno de los sueños que tuvo el rey Nabucodonosor y que interpretó Daniel, tenía como motivo un á. Dn 4, 7 ss.
Los pueblos paganos acostumbraban erigir altares y plantar árboles a sus dioses en los lugares altos, idolatría en la que cayó muchas veces el pueblo de Dios al entrar en contacto con aquéllos Is 57, 5, Jr 17,2; Ez 6, 13; 20, 28; Os 4, 13.
Sobre la nueva Jerusalén se dice en Ap 22, 2, que en las márgenes del río habrá árboles de la vida.
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