Apocalipsis
del griego apokalyptein, revelar, quitar el velo. Inicialmente este término se refiere a la literatura apocalíptica del judaísmo tardío y del cristianismo, y tiene sus orígenes en la escatología de los profetas, y se refiere al final de los tiempos, expresado por medio de visiones, sueños, alegorías, simbolismos. Tanto en las épocas del A. T. como en el N. T. proliferó este género literario, por lo demás apócrifo. En las Sagradas Escrituras, sólo dos libros encajan dentro de este género: Daniel, en el A. T., y el Apocalipsis de San Juan en el N. T.
En el libro del Apocalipsis único escrito de este género en el N. T. tenido por canónico, el autor se nombra a sí mismo Juan, profeta cristiano, en los versículos 1, 4 y 9 del capítulo 1. Fue redactado en la isla de Patmos, donde estuvo desterrado el escritor en tiempos del emperador romano Domiciano, ca. 95, aunque algunos creen que ciertas partes ya estaban escritas cuando reinaba Nerón, antes del 70. La revelación está dirigida a las siete Iglesias de Asia Menor Ap 1, 4. La tradición, desde San Justino, y pasando por San Ireneo, Clemente de Alejandría, el apologeta Tertuliano, siglo II, lo atribuye al apóstol Juan. Es innegable el influjo del género apocalíptico judío, sobre todo del profeta Daniel, en el autor de este libro, pero se diferencia de él, además de lo puramente literario, en que éste es el A. o revelación de Cristo, es decir, él mismo la hizo y es su objeto Ap 1, 1, por lo que aquí no hay cuestiones oscuras u ocultas, a pesar de su estilo simbólico, no hay posibilidad de especular con cálculos sobre el fin de los tiempos, como los milenaristas, apoyados literalmente en Ap 20, 4, ni para interpretaciones maniqueistas. El libro debe ser entendido, primero, en su contexto histórico, esto es, que fue redactado en la época de las persecuciones de que fue objeto la Iglesia en sus inicios, y poco tiempo después de que la misma sufriera una violenta arremetida por parte del Imperio romano, “la Bestia”, dice Juan, Ap 12; 13, 1-4, instigado por Satanás, visión esta inspirada en Dn 7, cuando la persecución del rey seléucida Antíoco Epífanes. El fin que se propone, afirmar la fe de los fieles en los valores eternos, ante la carnicería llevada a cabo por Roma, en la promesa hecha por Yahvéh al pueblo antiguo de permanecer con él, así como ahora, de manera más excelente, cuando Dios ha unido a su nuevo pueblo consigo en la persona de Jesucristo, su Hijo resucitado, quien ha vencido al mundo Jn 16, 33, y renueva la promesa de permanecer con el pueblo hasta el fin de los tiempos Mt 28, 20; Jn 14, 18-20. El autor hecha mano de los profetas cuando anunciaban al pueblo de Israel oprimido por otras naciones el día de la liberación, “día de Yahvéh” Am 5, 18, para anunciar el plan de salvación del Señor, la victoria de Cristo y sus mártires sobre el mundo pagano, sobre Satanás, cuando Cristo resucitado en su segunda venida es el centro de la historia Ap 19, 11 ss, cuando tras la destrucción del enemigo, la resurrección de los muertos y el juicio final se establecerá en definitiva el Reino de los Cielos, es decir, cuando la muerte haya sido destruida Ap 21, 1-8. Entonces habrá una nueva Jerusalén Ap 21, 9 ss para los fieles, y una segunda muerte para los réprobos Ap 19, 20.
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