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La unidad del cuerpo no ha abolido la diversidad de los miembros: «En la construcción del cuerpo de Cristo existe una diversidad de miembros y de funciones. Es el mismo Espíritu el que, según su riqueza y las necesidades de los ministerios, distribuye sus diversos dones para el bien de la Iglesia». La unidad del Cuerpo místico produce y estimula entre los fieles la caridad: «Si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; si un miembro es honrado, todos los miembros se alegran con él» (LG 7). En fin, la unidad del Cuerpo místico sale victoriosa de todas las divisiones humanas: «En efecto, todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús» ( Gal 3:27-28).
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