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Desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida (cf. Mc 1:16-20; Mc 3:13-19); les reveló el Misterio del Reino (cf. Mt 13:10-17); les dio parte en su misión, en su alegría (cf. Lc 10:17-20) y en sus sufrimientos (cf. Lc 22:28-30). Jesús habla de una comunión todavía más íntima entre él y los que le sigan: «Permaneced en Mí, como yo en vosotros ... Yo soy la vid y vosotros los sarmientos» ( Jn 15:4-5). Anuncia una comunión misteriosa y real entre su propio cuerpo y el nuestro: «Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y Yo en él» ( Jn 6:56).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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