706
Contra toda esperanza humana, Dios promete a Abraham una descendencia, como fruto de la fe y del poder del Espíritu Santo (cf. Gn 18:1-15; Lc 1:26-38. 54-55; Jn 1:12-13; Rm 4:16-21). En ella serán bendecidas todas las naciones de la tierra (cf. Gn 12:3). Esta descendencia será Cristo (cf. Gal 3:16) en quien la efusión del Espíritu Santo formará «la unidad de los hijos de Dios dispersos» (cf. Jn 11:52). Comprometiéndose con juramento (cf. Lc 1:73), Dios se obliga ya al don de su Hijo Amado (cf. Gn 22:17-19; Rm 8:32; Jn 3:16) y al don del «Espíritu Santo de la Promesa, que es prenda ... para redención del Pueblo de su posesión» ( Efe 1:13-14; cf. Gal 3:14).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.