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Desfigurado por el pecado y por la muerte, el hombre continua siendo «a imagen de Dios», a imagen del Hijo, pero «privado de la Gloria de Dios» ( Rm 3:23), privado de la «semejanza». La Promesa hecha a Abraham inaugura la Economía de la Salvación, al final de la cual el Hijo mismo asumirá «la imagen» (cf. Jn 1:14; Flp 2:7) y la restaurará en «la semejanza» con el Padre volviéndole a dar la Gloria, el Espíritu «que da la Vida».
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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