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El cáliz de la Nueva Alianza que Jesús anticipó en la Cena al ofrecerse a sí mismo (cf. Lc 22:20), lo acepta a continuación de manos del Padre en su agonía de Getsemaní (cf. Mt 26:42) haciéndose «obediente hasta la muerte» ( Flp 2:8; cf. Hab 5:7-8). Jesús ora: «Padre mío, si es posible, que pase de mí este cáliz ..» ( Mt 26:39). Expresa así el horror que representa la muerte para su naturaleza humana. Esta, en efecto, como la nuestra, está destinada a la vida eterna; además, a diferencia de la nuestra, está perfectamente exenta de pecado (cf. Hab 4:15) que es la causa de la muerte (cf. Rm 5:12); pero sobre todo está asumida por la persona divina del «Príncipe de la Vida» ( Hch 3:15), de «el que vive» ( Ap 1:18; cf. Jn 1:4; Jn 5:26). Al aceptar en su voluntad humana que se haga la voluntad del Padre (cf. Mt 26:42), acepta su muerte como redentora para «llevar nuestras faltas en su cuerpo sobre el madero» (1
P 2, 24).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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