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Este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús (cf. Lc 12:50; Lc 22:15; Mt 16:21-23) porque su Pasión redentora es la razón de ser de su Encarnación: «¡Padre líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto!» ( Jn 12:27). «El cáliz que me ha dado el Padre ¿no lo voy a beber?» ( Jn 18:11). Y todavía en la cruz antes de que «todo esté cumplido» ( Jn 19:30), dice: «Tengo sed» ( Jn 19:28).
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