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Este designio divino de salvación a través de la muerte del «Siervo, el Justo» ( Isa 53:11; cf. Hch 3:14) había sido anunciado antes en la Escritura como un misterio de redención universal, es decir, de rescate que libera a los hombres de la esclavitud del pecado (cf. Isa 53:11-12; Jn 8:34-36). S. Pablo profesa en una confesión de fe que dice haber «recibido» ( 1Co 15:3) que «Cristo ha muerto por nuestros pecados según las Escrituras» (ibidem: cf. también Hch 3:18; Hch 7:52; Hch 13:29; Hch 26:22-23). La muerte redentora de Jesús cumple, en particular, la profecía del Siervo doliente (cf. Isa 53:7-8
y Hch 8:32-35). Jesús mismo presentó el sentido de su vida y de su muerte a la luz del Siervo doliente (cf. Mt 20:28). Después de su Resurrección dio esta interpretación de las Escrituras a los discípulos de Emaús (cf. Lc 24:25-27), luego a los propios apóstoles (cf. Lc 24:44-45).CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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