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Desde los comienzos del ministerio público de Jesús, fariseos y partidarios de Herodes, junto con sacerdotes y escribas, se pusieron de acuerdo para perderle (cf. Mc 3:6). Por algunas de sus obras (expulsión de demonios, cf. Mt 12:24; perdón de los pecados, cf. Mc 2:7; curaciones en sábado, cf. 3, 1-6; interpretación original de los preceptos de pureza de la Ley, cf. Mc 7:14-23; familiaridad con los publicanos y los pecadores públicos, (cf. Mc 2:14-17), Jesús apareció a algunos malintencionados sospechoso de posesión diabólica (cf. Mc 3:22; Jn 8:48; Jn 10:20). Se le acusa de blasfemo (cf. Mc 2:7; Jn 5:18; Jn 10:33) y de falso profetismo (cf. Jn 7:12; Jn 7:52), crímenes religiosos que la Ley castigaba con pena de muerte a pedradas (cf. Jn 8:59; Jn 10:31).
CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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