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Jesús recuerda el martirio de los profetas que habían sido muertos en Jerusalén (cf. Mt 23:37a). Sin embargo, persiste en llamar a Jerusalén a reunirse en torno a él: «¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos, como una gallina reúne a sus pollos bajo las alas y no habéis querido!» ( Mt 23:37b). Cuando está a la vista de Jerusalén, llora sobre ella y expresa una vez más el deseo de su corazón:» ¡Si también tú conocieras en este día el mensaje de paz! pero ahora está oculto a tus ojos» ( Lc 19:41-42).
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