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«Como se iban cumpliendo los días de su asunción, él se afirmó en su voluntad de ir a Jerusalén» ( Lc 9:51; cf. Jn 13:1). Por esta decisión, manifestaba que subía a Jerusalén dispuesto a morir. En tres ocasiones había repetido el anuncio de su Pasión y de su Resurrección (cf. Mc 8:31-33; Mc 9:31-32; Mc 10:32-34). Al dirigirse a Jerusalén dice: «No cabe que un profeta perezca fuera de Jerusalén» ( Lc 13:33).
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