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Al liberar a algunos hombres de los males terrenos del hambre (cf. Jn 6:5-15), de la injusticia (cf. Lc 19:8), de la enfermedad y de la muerte (cf. Mt 11:5), Jesús realizó unos signos mesiánicos; no obstante, no vino para abolir todos los males aquí abajo (cf. LC 12, 13. 14; Jn 18:36), sino a liberar a los hombres de la esclavitud más grave, la del pecado (cf. Jn 8:34-36), que es el obstáculo en su vocación de hijos de Dios y causa de todas sus servidumbres humanas.
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