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El mismo Jesús se atribuye de forma velada este título cuando discute con los fariseos sobre el sentido del Salmo 109
(cf. Mt 22:41-46; cf. también Hch 2:34-36; Hab 1:13), pero también de manera explícita al dirigirse a sus apóstoles (cf. Jn 13:13). A lo largo de toda su vida pública sus actos de dominio sobre la naturaleza, sobre las enfermedades, sobre los demonios, sobre la muerte y el pecado, demostraban su soberanía divina.CCE Catechismus Catholicae Ecclesiae ®.
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